Había visto anunciada una película de un osito de peluche llamado Ted, pensé que sería divertido para una audiencia infantil; este film está traducido al español y no sé si esté acorde con el escrito original…

Fui muy afortunada de estar sola mientras la veía, ya que me entristecí profundamente al palpar que sin importar el horario, el léxico ocupado, no sólo para ésta película, sino que en otras más, es verdaderamente vulgar y ofensivo…

Antes que nada les confesaré que como buena veracruzana, fui a la Real Academia de “Alvarado”, y… ¡Salí con mención honorífica!, por lo tanto, aunque no me gusta practicar el léxico florido… ¡para nada lo desconozco!

En mi familia hay de todo como en botica; desde parientes que jamás los he oído decir, ni un “tonto”; sin embargo, tenía una tía que aparte de ser hermosa de cuerpo y alma, tenía un carisma inigualable y una chispa muy graciosa en su léxico “alvadoreño”, que quien la escuchara… ¡Casi moría de risa!, ya que era… “muy mal hablada” (como se dice en caló), pero… ¡Jamás ofendía, ni insultaba a sus semejantes!

Siento que si tenemos la dicha de poder expresarnos en un idioma con tanta variedad de lenguaje, donde podremos encontrar tiernas palabras tanto escritas como pronunciadas, algunas con distintos significados, otras con el mismo sonido pero expresando cosas completamente diferentes (antónimos y sinónimos), ¿por qué utilizar las palabras más soeces y ofensivas del diccionario?, sobre todo en los medios de comunicación que están al alcance hasta de nuestros hermosos e inocentes ángeles terrenales.

En nuestro idioma español podemos encontrar muchísimas expresiones tan tiernas y dulces que son capaces de acariciarnos el oído, y nos hace sentir muy bien; sin embargo, también existen otras tan duras, perversas y vulgares que nos llena de vergüenza e impotencia.

¿Por qué últimamente no sólo en traducciones de películas, caricaturas, programas televisivos, sino también en los noticieros, no nos preocupamos por expresarnos con respeto a la audiencia ?…

¡Tal parece una fatal competencia, para ocupar el primer lugar con un léxico lleno de vulgaridad a cualquier hora del día!

¿Qué va a pasar con las nuevas generaciones?, ¿Qué se propondrán las autoridades al cerrar los oídos ante esos drásticos cambios en los medios de comunicación?

Algunos jóvenes, sin importar el sexo, ¡ya se expresan en una forma desconcertante!… que cuando tenía su edad, creo que ni en los burdeles de quinta, se ocupaba el léxico que actualmente se escucha… ¡hasta para relatar los más sencillos acontecimientos!…

Padres de familia, autoridades, ciudadanía en general, suplico encarecidamente regulen el léxico en sus hogares, centros educativos, mítines de desacuerdos, representantes políticos, medios de comunicación, etcétera…

Nos da el mismo trabajo y gastamos igual cantidad de saliva, ¡también para decir palabras hermosas y verdaderamente convincentes!, como para que nuestros niños, que el día de mañana serán nuestro futuro… ¡No se acostumbren a la putrefacción!

Si todos los días sacamos la basura para evitar vivir en un ambiente que tarde o temprano nos dañará… ¡Con mayor razón debemos de sacar de esos hermosos labios y maravillosa boca que el mismo Dios nos dio, las culebras y sapos que repente se acumulan en nuestro interior!

Repito, las palabras soeces no me espantan, ya que no las desconozco, ¡pero sí me incomodan sobre todo cuando hay criaturas presentes!; y es cuando dentro de mi ser, me gustaría que todo el mundo viviera en un ambiente de paz y ternura, con un léxico alentador y sin la famosa… ¡Violencia verbal!

Esto es para analizar y, si nos molesta… ¡Para rechazar!; pero si llegamos a tomar conciencia de su gran trascendencia… ¡Nos servirá para cambiar!

Recuerden que en ésta vida hay que renovarse, para ser mejores en beneficio propio y de la humanidad.

Cariñosamente Ana I.