Mi Perra

Tengo una perra Collie ovejera, de pelaje con manchas blancas sobre marrón, un color poco común en su raza, de ojos amarillos siempre atentos a lo que yo tenga por ordenarle. Es linda y elegante, con su porte de lobo. Al correr entre los árboles escoge alguno y se esconde detrás. Permanece muy quieta, al acecho hasta que paso cerca yo. No quisiera aburrirles con todos los detalles que hacen especial a mi perra, porque supongo que mis lectores tienen perros a los que aman igual.

Cuando uno ama su perro se pueden decir tantas cosas de mérito animal…

Maya, que así se llama mi perra, ha venido envejeciendo. Su antes temible velocidad al correr ha disminuido a un simple ser aún algo veloz. Recuerdo que en la playa era un bólido al perseguir las olas. Desaparecía en el horizonte en segundos, para luego aparecer como un punto que crecía, salpicando la orilla del mar. Se asustaba la gente nomás de verla llegar. Pero ella siempre ha sido amable y cariñosa, mientras nadie quiera atacar. Me da nostalgia desde ahora pensar que su vejez y su artritis crecerán hasta que la pierda, de modo que por ahora la elogio por bonita y por lista, y la abrazo. Cuando le platico de las cosas de la vida ella me mira atenta, sus orejas echadas atrás, y con su lengua me lame agradecida, diciéndome con la mirada que todo lo entiende, y que también me quiere a mí.

De sus juguetes el frizbee es preferido. Por sus temibles dientes los ha destrozado por docenas, sin importar el material. Nomás de verle los colmillos da miedo pensar lo que si quisiera pudiera desgarrar. Cualquier palo que le arrojo con cada lanzamiento lo va convirtiendo en palillo al regresar. La pobre tiene un diente medio roto, creo que fue por cachar un leño. De esas cosas que uno hace jugando, sin pensar.

El agua es un imán para Maya. Salta para alcanzar el agua de la manguera y suenan sus fauces como aplausos cuando la llega a atrapar. En las montañas, por San Sebastián, donde el clima fresco le sienta mejor, es imposible alejarla de los arroyos por los que para ella es fuerza cruzar. Nos divertimos mucho paseando por el campo. Lo malo es el regreso, cuando al igual que cualquier perro despide ese olor a perro mojado.

De sus peores travesuras ha sido el comer flores, y deshacer el jardín de la casa cavando un hoyo que pensé sería para llegar a China…pero no. Era sólo ese afán de los lobos por tener donde esconderse cuando están sobre terreno plano. En su paso por la escuela aprendió todo bien, pero esto le falla a veces. La castigo y entiende, bajando humilde la mirada, pero sabiendo que mi enojo pronto pasará.
Tengo a mi perra y ella sabe me tiene a mí.