Vallarta hoy:

Grano Mundial

Es la bebida más tomada en el mundo. Pero también es el único cultivo que todos los países producen. Por tanto absolutamente global. Pero no de ahora, no de esta marketinera Globalización. Si no desde hace más de 5000 años. Hay que decir que no es Americano si no Africano y que su origen hay que rastrearlo en las arenas del tiempo y en los viajes comerciales de venecianos que tanto recorrieron desde Europa al mundo y de vuelta a Europa para colocar un sello imborrable en la forma de preparar este grano, que cuando está verde parece una habichuela y huele muy parecido.

 

Los monjes Capuchinos eternizaron su nombre cuando se les ocurrió agregarle leche, los italianos le dicen expresso, pero también está la versión turca que tal vez sea una de la más antiguas y dicen que el mejor del mundo es de Colombia. Cultivo de altura de enormes propiedades. La primera bebida del día si quieres despertar y la última de la noche si no te quieres dormir. Acompañante tanto de charlas informales, como de importantes juntas de negocios. Excusa perfecta para empezar una cita y siempre, siempre, una invitación inevitable.

 

El Café, pensaban los árabes de la antigüedad, ayuda a pensar. Ya que promovía las charlas y el desarrollo de la materia gris y el razonamiento al beberlo. Era un secreto celosamente guardado. No dejaban que ningún grano saliera de sus territorios ni cruzara sus fronteras.

 

La leyenda cuenta que un pastor de la aldea Etíope Abisinia llamado Kaldi. Notó un extraño efecto en sus cabras, toda vez que éstas ingerían los granos y hojas de un particular arbusto. Él mismo notó sus efectos al comerlos. Mas tarde, llevó una muestra de hojas y granos de dicha planta, a unos monjes musulmanes. Quienes también comieron el fruto y comprobaron de primera mano su efecto estimulante y vigorizante, que les ayudaba a mantenerse despiertos en las noches de ayuno en los oficios religiosos que practicaban.

 

Fue prohibido en 1511 por las autoridades musulmanas en La Meca, por considerarlo nocivo. Pero la popularidad de la bebida, ya ampliamente propagada en la sociedad y de muy buena reputación entre los intelectuales de la época, obligó a los gobernantes a levantar el decreto de su prohibición en 1532.

 

En los años 1600 llega el grano a Europa gracias a los mercaderes venecianos que transitaban extensas y ricas rutas comerciales con oriente. El Papa Clemente VIII fue aconsejado para prohibir la bebida extranjera, negra como la tinta, por creer que era una mala influencia de los infieles sobre el pueblo cristiano. Sin embrago, el Papa no dudo en bautizarla una vez que la probó y disfrutó de sus efectos y encantos.

 

Cuando tomamos una taza de café, en casa o en cualquier establecimiento público, estamos participando de un ritual que tiene cientos de años y que está muy ligado al hombre en tanto criatura que descubre un mundo nuevo y lo hace propio. No para beneficiarse de él solamente, sino para maravillarse ante aquello que es novedad y que hoy forma parte sustancial de la vida de sus sociedades.

 

Debemos cuidar ese tipo de rituales, para que no sean desmitificados y banalizados por la soberbia maquinaria del “ya lo he visto todo”, que asegura la estupidez inmediata. Si el café ayuda a pensar y a estimular el razonamiento. Pensemos pues, con una taza en la mano y la compañía de un amigo que nos haga la segunda y discrepe con nosotros. Hoy más que nunca necesitamos nuevas ideas.

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