En la mayoría de las ocasiones, para sentirnos seguros de algo o alguien, creemos tal vez erróneamente que si el control está bajo nuestro dominio… ¡Todo estará correcto!

 

Pero, en ésta enigmática vida, ¿quién podrá afirmar sin temor a equivocarse lo que en realidad es correcto o incorrecto?…

 

Siempre he puesto el ejemplo de que no se debe pasar cuando el semáforo se encuentre en luz roja; sin embargo, estoy escribiendo éste artículo gracias a que mi hermano se pasó, no sólo una, ¡sino creo que fueron más de cinco!…

 

Un día que por cosas del destino, cuando él me fue a visitar antes de un festival, entró en el instante en que mi ayudante colocaba unos envases con refresco en una tina llena de hielo y agua helada; obvio, estalló una botella que había estado bajo los fuertes rayos del sol,  y un vidrio se me incrustó en el cuello.

 

Al ver los ojos desorbitados del chico, bajé un poco la vista y al observar el chorro de sangre, lo primero que me pasó por la mente fue:

“¡Dios mío la yugular, hasta aquí llegué, hágase tu voluntad!… ¿Dónde estarán las llaves del automóvil para ir de inmediato al hospital más cercano?”…

 

En ese instante sentí como mi hermano corrió, me presionó el cuello con una toalla usada y me dijo: ¡Vayámonos!…

 

Traté de decirle: “Creo que fue la yugular porque es muy grueso es chorro de sangre…, y el sanatorio… él sólo contestó:  “¡Cállate!”…

 

Todo fue tan rápido que cuando traté de pensar en la ruta más corta, ya estaba arriba de su camioneta; él pegado al claxon y manejando a exceso de velocidad, rumbo al hospital más lejano…

 

Gracias a que no perdió el control y no respetó el color de las luces… en la actualidad… ¡Sigo robando oxígeno a la juventud!… o mejor dicho… ¡No puedo irme, al igual que tú, hasta que cumpla la misión que el Ser Supremo me ha encomendado!

 

Eso indica que si en determinados momentos de la vida aunque quisiéramos, por nuestro bien, es muy necesario que otra persona nos controle (así como lo hizo mi hermano y el cirujano que me cosió el cuello, ¡porque yo no podía!); no es aconsejable darle el control total de nuestras vidas a otras  personas, ya que eso representa el que nosotros mismos nos cuartemos nuestra anhelada, así como preciosa libertad, viviendo siempre inconformes, a expensas de los caprichos de terceros, o… ¡de un sólo tirano!

 

Porque un tirano controlador, en realidad no sabe amar, ni  quererse a sí mismo, ya que su poder nace de ese rencor e impotencia de su pasado, que por diferentes circunstancias no pudo controlar… provocando una ira contenida, debido a la vileza de unos pocos, pero también de la cobardía de todos…

 

Recordemos que cuando nacimos Dios nos otorgó tres maravillosos regalos: el cuerpo, la conciencia y nuestro libre albedrío. ¿Por qué permitimos que otra persona tome el control de nuestras vidas?…

 

Definitivamente nadie puede pensar por nosotros.

 

Aunque no lo expresemos, ¡tenemos la libertad de pensar lo que queramos!; de sentir, decidir y hacer lo que deseamos.

 

Si no dejamos que tomen el control de nuestras vidas, ¡nadie nos puede hacer sufrir; ni romper el corazón, ni mucho menos dañarnos profundamente, a no ser que lo permitamos y dejemos que nos hurten nuestra capacidad pensante y la verdadera paz del espíritu.

 

No son las personas las que dañan, ¡somos nosotros mismos los que permitimos que otros adquieran el control de nuestras vidas!

 

En caso de vivir a disgusto, la mejor forma para poder recuperar nuestra libertad, es  hacerle frente al destino; después de analizar detenidamente el pro y contra no nada más de nuestra situación, sino que de todos los afectados, es necesario… Retomar el control, respeto, confianza en nosotros mismos y analizar tranquilamente antes de decidir, qué sendero nos va a convenir para continuar felices con nuestras maravillosas, únicas e irrepetibles vidas…

 

¡No interesa tanto la cantidad, sino la calidad de vida que tengas bajo tu control equilibrado! ¿No lo crees?…

 

Cariñosamente Ana I.