VIVE

Vivir significa transcurrir, nuestras personas, en el mundo. El mundo es todo lo que hay con excepción de yo mismo. El mundo es lo que no soy yo, es lo otro. Sin embargo no sólo es preciso vivir sino la manera en que se vive. Tú y yo, todos, vivimos una vida pensando y sintiendo todo aquello que ya pasó o todo lo demás que imaginariamente pasará.

Fuertemente atrapados entre las cosas del mundo cuya naturaleza es estar pasando, ser efímeras, nos perturba los recuerdos y nos hacen zozobrar las expectativas de un futuro ilusorio. Si bien es cierto que tanto el pasado como el futuro no existen, son nuestros enemigos más tenaces y mayormente peligrosos.

El pasar fugaz de las cosas en nuestras vidas nos dejan profundísimas huellas que muchas de las veces se convierten en heridas de tal magnitud que nos causan serios males en el alma. Esas heridas son avivadas, reabiertas constantemente, por la evocación que hacemos de los hechos que las provocaron.

Es tanto el conmemorar los hechos que nos laceraron la psique, que nos pone al borde de la locura. La mejor solución a tan peligrosa actitud es dominar el recuerdo, de tal manera que desde el momento que pretenda aparecer se le reprima de inmediato. De esa única manera la remembranza muere de inanición. Con el tiempo, aun cuando la reminiscencia  persista, ésta carecerá de fuerza emotiva y ya no te afectará.

El futuro, que tampoco existe, es hijo de la fantasía y apegarse a él también resulta dañino porque al suceder las cosas si no fueron como tú las imaginaste entonces ello te generará frustración y como siguiente paso el suicidio por sentirte como un fracasado, un perdedor, un olvidado de Dios, etc. etc.

En ambos casos se produce el dolor y ante eso buscarás la solución más fácil: las adicciones, que no hacen otra cosa que agravar ese dolor y se hará un círculo diabólico del cual no podrán nunca de él salir. Entonces ¿qué hacer?

Simplemente vive viviendo, esto es, vive en el sencillo transcurrir de las cosas en el mundo, sin recordar el mal pasado ni anticipar el dizque maravilloso futuro. Vivir es ser siendo en el mundo, sin rememorar el pasado ni adivinar lo que según tu va a pasar.

Si vives una mala experiencia de inmediato déjala pasar y deja de pensar en las causas que la produjeron. Si piensas que mañana te ganarás la lotería mayor, sencillamente sonríe y búrlate de ti mismo. Vive sin perpetuar, vive sin pronosticar. Solamente, vive viviendo. Gozando, o no, de las cosas que van transcurriendo.

Porque el mundo es para olvidarse y para no imaginarlo. Lo único que no puedes olvidar ni imaginar es a Dios, porque Él no pasó ni pasará, ni está pasando sino que verdaderamente es y solamente en Él podemos descansar de navegar en el vertiginoso y apurado correr del río de la vida.

Vive, por Dios, vive.