“Sabiduría”

Como todo ser humano de éste enigmático Planeta Tierra, he tenido excelentes épocas, como ocasiones muy difíciles; pero es verdaderamente maravilloso el poder confiar en un Ser Supremo, aunque los humanos le nombremos de diferentes formas…

 

He tenido la bendición de estar en contacto con increíbles personajes de diferentes culturas, credos, nacionalidades y razas; algunos muy creyentes, otros no; sin faltar el que me diga, que es ateo; pero hace no mucho, conocí a una hermosa pareja por cierto muy agradables; con una gran diferencia del resto de los conocidos; me dijeron que no creían en ningún Dios o Ser Supremo, porque ellos…, eran simplemente unos Seres Divinos.

 

Les dije que era cierto ya que todos estábamos hechos a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, éramos parte de ese Gran Ser Supremo; y me corrigieron con una hermosa y bondadosa sonrisa, diciendo que Dios no existía, que ellos simplemente habían sido educados como casi todos los habitantes de nuestro maravilloso país, dentro de la Iglesia católica; es más, hasta habían sido bautizados; sin embargo, ¡no por su propia decisión!, como eran tan pequeños…

 

¡A fuerza aceptaron esa religión por herencia!

 

En cuanto tuvieron uso de su libre albedrío, se dieron cuenta de su divinidad y ahora se encargan de proteger las malas vibras, ya que en realidad somos pura energía; por lo tanto, siempre han existido y nunca morirán, ya que solamente, se transforman.

 

Fue tan interesante, como el conocer al hermoso chico Musulmán; gracias a que era extranjera y quería saber todo acerca de sus hermosas costumbres; cuando me llevó su mezquita (que por cierto estaba sin gente), me quité los zapatos, limpié mis pies hasta el tobillo (traía toallitas desechables), me puse un caftán con olor diferente y entré con él.

 

En la cúpula estaban pintadas algunas inscripciones y me explicó que eran los diez mandamientos escritos en Arameo; que no tenían imágenes y su pared principal estaba dirigida a la Meca.

 

Me preguntó que cual era mi religión y orgullosa le dije que era “Católica, Apostólica y Veracruzana”; el sonriendo contestó: – “¡Ah!… ¡Eres de los pedigüeños!… ¡Dios mío, yo quiero… dame… ayúdame… etcétera!”

 

“¡Muy diferente a nosotros!, pues no molestamos a “Alá”, con esas insignificantes  cosas; nuestra religión es el Islam, y  el gran profeta, Mahoma, es quien nos guía a través del libro del  Corán”…

 

A lo que de inmediato supliqué:

 

-“Por favor, enséñame a rezar”; se me quedó viendo extrañado y con un movimiento en su linda y despeinada cabeza, me indicó sus movimientos, sin antes decirme:

 

– “El orgullo del ser humano es mantener siempre su frente en alto, y nosotros sólo la ponemos en el piso cuando rezamos a Alá;  porque quiere decir que ante su grandeza… ¡no somos nada!”.

 

“Rezamos cinco veces al día: Antes de la salida del sol; antes del medio día; en la tarde; antes de la puesta del sol y en la noche. ¡Sólo agradecemos!, ¡nunca pedimos nada!…

 

Decimos: ¡Gracias Alá porque puedo ver… oír…percibir deliciosos aromas, agacharme…,  por sentir un nuevo amanecer…, etcétera.

 

Y  así lo hice; le agradecí a Alá, por haber puesto ése ángel en mi camino y aprender a rezar, dejando todos mis pesares, contratiempos y egoísmos… ¡En manos de mi maravilloso Creador!.

 

Con él, sentí que la verdadera fe, se reduce a… “¡Tener una confianza ciega, en nuestro Creador!” Eso me hizo recordar al sabio más sabio, de todos los tiempos, que  dijo:

 

– “A la sabiduría la amé más que a la salud y la hermosura; y me propuse tenerla como luz y guía, porque su resplandor es  inextinguible. Todos los bienes me vinieron juntamente con ella, y he recibido por su medio innumerables riquezas, y gozábame en todas éstas cosas porque me guiaba esa sabiduría, ya que ignoraba que fuera la madre de todos los bienes”. “A LA SABIDURÍA HAY QUE APRENDERLA SIN FICCIÓN Y COMUNICARLA  SIN  ENVIDIA”…

 

Salomón.

 

Me vino a la memoria lo que un día me dijo un buen amigo de mi padre, que conoció desde párvulos; el Doctor Leopoldo Garza; que por cierto en aquellos tiempos causó un gran descontento, por ser el soltero católico más codiciado y haberse casado con una judía divorciada que tenía tres hijos; los niños adoptaron su apellido, pero la niña jamás lo hizo.

 

Cuando le expresé mi gran admiración existente en ese matrimonio que a pesar de tantos años, obstáculos sociales y religiosos, seguían fieles a su compromiso de amarse hasta la misma muerte; al preguntarle qué pasó con la religión y su fe, él sencillamente me acarició la cabeza y sonriendo tiernamente me dijo:

 

Religión es un refugio espiritual íntimo que llevamos dentro de nosotros; que no es para compararse c

on ninguna otra; que no es para discutirse porque generalmente no estamos preparados para eso; y mucho menos para creer que la nuestra, es la mejor del mundo; porque todos somos hijos de Dios y Él velará por todos nosotros, ¡si no hacemos daño a nadie!

 

La Fe es una esperanza de salvación que llevamos durante nuestra vida; creyendo en alguien superior a nosotros y a quien no podemos reconocer con nuestros sentidos…

 

Después de todo lo que he indagado… Sé que en la sabiduría… ¡No hay engaños, egoísmos, odios, ni desamor!, porque dentro de ella encontraremos esa paz, prosperidad, bondad, humanidad, justicia, ternura  y libertad, tan anhelada por  todos los seres del desquiciado Globo Terráqueo.

 

¿Verdad que no es imposible adquirirla y practicarla de  inmediato en beneficio de toda la humanidad?

 

Cariñosamente Ana I.