Maldita violencia

Comentar en relación al conflicto bélico en Gaza requiere más allá de juicios morales. En una de tantas charlas con un maestro de ascendencia judía Abraham Berriguette, mientras paseábamos por las famosas islas de Ciudad Universitaria (UNAM) me remití a preguntar, entonces en mi calidad de reportero (1983) el por qué las luchas en la llamada Tierra Santa, me aclaró: “es una zona en Medio Oriente, en guerra permanente, surgida de escenarios bíblicos y del Antiguo y Nuevo Testamento. Estos lugares son todo un significado profundo para el cristianismo. Tierra prometida del judaísmo. El Islam señala a este sitio como el Domo de la Roca, ahí llegó Mahoma en un caballo alado, subió hasta el cielo desde Jerusalén”.

Escuchar a mi profesor de psicología, con dos doctorados en universidades de los Estados Unidos de Norteamérica, me parecía alucinante; su formación cultural, sus finos modales y la extensa terminología siempre fue admirable. De esos sitios siempre ha destacado Nazaret, tierra natal de Jesucristo y el Mar de Galilea donde se mostró a la gente. Por otro lado el territorio Palestino de Gaza y Cisjordania donde se encuentra Belén, ciudad natal del rey David y de Jesús; Jordania, Egipto, territorio de la estadía del Pueblo elegido por 400 años y en particular el Monte Sinaí, donde sucedió la revelación a Moisés; Irak, tierra natal de Abraham, y por último Siria, Turquía, Grecia y Creta; es decir, la Hélade o territorio de la antigua civilización griega.

Sitios cubiertos de sangre. El conflicto en la Franja de Gaza, resultado de una larga guerra entre palestinos e israelíes, lugar santo y paso obligado del comercio entre las Europas Occidental y Oriental. Territorio sagrado en amplias extensiones. La posición geográfica y los juicios éticos en estos momentos no son para esgrimirlos, aunque necesarios, se tiene que ir más allá de ellos para la explicación del porqué continúa el conflicto, cada vez más feroz y despiadado en contra de los derechos humanos y de organizaciones internacionales como lo es la ONU a la cual parece habérsele perdido el respeto. El profesor Abraham Barriguette quedó corto en sus apreciaciones ante el panorama descrito por los medios de comunicación a lo largo de la historia recrudecida. Grupos como Hamas, organización palestina con un objetivo muy claro, establecer un estado islámico en la región histórica de Palestina. Considerada un grupo terrorista no ha cejado en sus intentos, lo cual es sumamente peligroso, para el mundo y para esa región, no reconoce la legitimidad del Estado de Israel, ni acepta la partición de Palestina de 1947 en dos estados, uno árabe y otro judío. En múltiples ocasiones los líderes de Hamas han calificado a los diálogos entre árabes e israelíes como una pérdida de tiempo. Hay mucha historia detrás, no alcanzaría el espacio otorgado al escribiente. El conflicto está adormecido, no ha terminado desafortunadamente, porque a Israel le cuesta más cara la paz que la guerra, reconocer un estado palestino implicaría para los judíos territorio, negociaciones interminables desde lo económico hasta culturales y políticas, sería como abrirle la puerta al extraño con todo lo que ello implica. Lo inhumano es mantener la guerra, asesinar a familias completas, civiles inocentes, niños y todo el que se atraviese en este conflicto ancestral, detener el dolor de los inocentes debe ser el objetivo por encima de todos los intereses, conservar la vida.

*Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país, 21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones y del Consejo Político Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.