El fracaso como germen

Somos una sociedad tan acostumbrada al fracaso que hasta pasa desapercibido entre nosotros. Vamos, ¿quién habla de los fracasos?, ¿quién intenta darnos la moraleja tras el fracaso? Nadie. El fracaso parece un tema vedado para viejitos, desempleados, borrachos o vagabundos. Un tema más del que los mexicanos no hacemos uso en las sobremesas.

 

Por morbo o empatía –no sé bien por qué- pero me atraen las historias de fracasos. Sobre todo me gusta de los fracasos buscar el aprendizaje tras el error. Me gusta pensar que a pesar de la caída, los fracasos dan la oportunidad de éxito. Por ejemplo, prefiero leer de personajes que empiezan no desde cero sino desde el fango y la vergüenza, como Larsen Juntacadáveres, el personaje principal de El Astillero. Me aburren por el contrario los personajes sosos que no luchan por nada como Violetta de Diablo Guardián. O El principito.

 

En este gusto por los fracasos me topé con agradable sorpresa con una iniciativa que se llama “FuckUp Night”; original de emprendedores mexicanos, son charlas en formato stand up que hablan de proyectos fallidos, pero que dejaron el germen para salir adelante en posteriores empresas. Cada “FuckUp Night”, consta de tres oradores con una participación de máximo un cuarto de hora, que en lugar de la vieja pared de ladrillos rojos se apoya la espalda en una proyección de diez imágenes ilustrativas del fracaso. Al final, bocadillos y cerveza. ¿Acaso no es genial esto de hablar de fracasos?

 

Comparo el “FuckUp Night” con el stand up, pero quizá este ciclo de charlas se parece más a una reunión de Alcohólicos Anónimos donde cada expositor podría iniciar con un “Hola, soy ______, y fracasé”. Es tan buena la idea de hablar de nuestros fallos que estas charlas iniciadas en 2012 ya emigraron a ciudades como Mumbai, San Sebastián, Medellín, Santiago de Chile, París y -la ciudad por la que me enteré de esto- Buenos Aires.

 

Entre los fracasos más divertidos que he encontrado en los FuckUp Night, está el de Guadalupe Loaeza como candidata a diputada federal por el PRD [disponible en YouTube]. Están también los casos de Manuel Weichers, ingeniero que casi muere lapidado por una comunidad veracruzana a la que le quedaba mal una y otra vez con un proyecto de electrificación; o, qué tal, Tomás Bermúdez y su historia de cómo dejó todo para intentar convertirse en el nuevo Tiger Woods y fracasó, pero ahora es creador de Cookapp, una aplicación que conecta a chefs y comensales para organizar cenas en casas particulares.

 

Aunque por mi edad y escasa economía mis fracasos son más personales que profesionales, también tengo un fracaso que murió antes de nacer: una revista literaria. Mi proyecto se quedó en el número cero. Bocetado por uno de los mejores diseñadores que he conocido. Con columnas exclusivas de escritores jóvenes y reconocidos a nivel nacional.

 

Tenía todo listo para publicar una revista de este estilo en el puerto. Ya veía mi revista peleándose el kiosco con los pasquines que a diario chorrean sangre. Es más, ya tenía los 23 mil pesos que me costaba la impresión. Revista a grapa con formato chopper, 32 pág. a 4×4 tintas en couché mate de 90 gr. Pero mi suerte cambió cuando me despidieron del que era mi trabajo en ese entonces. Para sobrevivir eché mano del dinero de la impresión. Me convertí en ejecutivo de ventas de postales publicitarias y hasta vendí tortas afuera de la clínica que está frente a mi casa.

 

Cuando me recuperé de ese naufragio y me aferré a una quincena segura, dejé descansar el proyecto de la revista. No por miedo a que no se leyera, al fin y al cabo, uno ya sabe que lectores hay pocos. Lo que me sucedió es que me convencí de la necesidad de madurar mi idea y crear un producto mejor, algo en lo que aún trabajo.

 

Sería interesante que se organizaran algunas FuckUp Night en Puerto Vallarta. Propongo que como primer orador nos hable ese político joven que perdió las elecciones siendo el candidato del partido con mayor estructura, voto duro, recursos financieros y exposición en medios. Yo puedo ser el moderador. Pongo el proyector y las chelas. El fracaso no es un final sino un principio.