Autorretrato

En <<La forma de la espada>> el personaje principal de Jorge Luis Borges cree en Schopenhauer al afirmar que todo hombre es todos los hombres, pues “Lo que hace un hombre es como si todos los hombres lo hicieran. Es por ello que no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine a todo el género humano; como no es injusto que la crucifixión de un solo judío sea suficiente para salvarlo”.

 

Aunque en ese sentido, sí somos uno mismo (Uh oh uh oooh). Ni Adán ni Jesucristo sirven para clasificarnos a todos los hombres. Sepan las mujeres que no todos los hombres somos iguales. Me apoyo en las palabras del escritor francés Marcel Schowb que asegura “Las ideas de los grandes hombres son el patrimonio común de la humanidad; lo único realmente privativo de ellos son sus singularidades y sus manías”. Es decir, tienen mucho por conocernos.

 

Yo soy un tipo honesto con mis costumbres y mis manías, por lo tanto, “ama a los hombres y odia sus vicios” no es una frase con la que comulgue. Desconfío mucho de los hombres que dicen no tener vicios, costumbres o manías porque  nuestras acciones generales no tienen tanta relevancia como estas; bien dice Marcel Schowb en <<Vidas imaginarias>>  lo que no tiene paralelo en el mundo son las manías de una costumbre, las sinuosidades de un carácter. Por eso, espero comprendan mi desconfianza a los tipos grises.

 

Es de admirarse tipos honestos como Charles Bukowski que nos dice que lo que más le gusta es rascarse los sobacos y su ritual antes de sentarse a escribir es ir al hipódromo a apostar y emborracharse. O Mario Vargas Llosa que ha hecho público su fascinación por los hipopótamos. Para los demás hombres que no tenemos un grado tan alto de brillantez puede ser que guardemos con recelo las manías para con nuestros coches, el sexo y las guitarras, por ejemplo.

 

Quizá sea esta era de lo políticamente correcto, que reprime hablar públicamente de quiénes somos. Ay, de los ciudadanos que nos tenemos que conformar con que los políticos nos dejen ver en sus biografías sólo el lugar de nacimiento, el número de familiares y su currículum. Nos ayudaría saber más cómo gritan un gol, qué hacen cuando no hacen política (si es que les queda tiempo), con qué música bailan, si tuvieron infancia campesina, y qué es lo primero que piensan al levantarse. Si lloraron con el primer perro perdido o la muerte de la abuela.

Para ser congruente con la sinceridad que mencionaba al principio me permito esbozar un pequeño autorretrato:

 

Me gustan las plumas de punto fino, el color blanco y que contesten mis llamadas. Y la cerveza bien fría, sin limón, la música de los 80’s y los mapas. Me gustan las historias de inmigrantes, las caricaturas de ratas, las revistas de tecnología y los solos de guitarra. Y reírme de mí mismo, ver películas viejas, el olor de los libros nuevos y viejos, y viajar en lancha o autobús. Me gusta caminar sin dirección fija, saber datos inútiles, la lluvia y los días nublados. Y los golpes de suerte, el sit-com, los tenis de colores brillantes, mi nariz y mi pelo. Me gustan los nombres de algunas ciudades: Antofagasta, Antofagasta. Escribir, y la ciudad donde nací. Y guardar tickets, ayudar a trabajar a mi padrastro, la historia contrafactual y la numismática. Y los diccionarios, la televisión, la pasta y los teclados en las cumbias. Me gusta que mi madre todavía, algunas mañanas, me recomiende que me porte bien. Y sentarme bajo los árboles. Y leer sobre fundación de ciudades, tocar las fotografías y comprar cuadernos. Me gustan los amigos que tengo. Me gusta Puerto Vallarta.