El chiste del chiste

El chiste está presente en todas las culturas, y cumple la función de poder decir mensajes del sujeto que se encuentra atrapado ante sus placeres y sus desdichas, sus deseos y ante su significado de muerte, obteniendo una ganancia secundaria que es la risa, el desahogo, la descarga que libera.

 

El Chiste tiene básicamente una constante mínima de tres sujetos, el que lo cuenta, quien lo  descifra  y un tercero de quien se habla y que es con quien hay un juego de identificaciones parciales y momentáneas. Todo chiste se basa en el infortunio de alguien, por estar atrapado en sus deseos, miedos o desgracias. Es el chiste una descarga de esa tensión que convierte lo difícil de decir en la ocurrencia, mediante un inesperado que desplaza el contenido trágico en cómico, el desplazamiento a otro que nos habla de nuestra propia vulnerabilidad de forma sorpresiva.

 

Entre broma y broma, la verdad se asoma.

Cualquier chiste asoma la debilidad humana que siendo sufrida se hace metáfora, que dice lo mismo pero de una forma figurada. Así el personaje con imperfecciones físicas, con problemas de lenguaje, los viejitos que aún tienen deseos eróticos, el borracho casado, el homosexual que vive el rechazo, las comunidades que viven en desgracia por desastres naturales o políticos, el funeral de alguien, la vida conyugal, entre muchos otros son el principal motivo para la estructuración de los chistes, a veces creados “deliberadamente”, en ocasiones surgidos de la espontaneidad natural de las conversaciones con otros o en nuestros diálogos internos.

 

El chiste tiene la virtud de convertir lo lamentable en jocoso, es una forma de salvar al narcisismo que se ve trastocado, ridiculizándolo al extremo, pero en  otro, un tercero; como el chiste difundido en el tiempo después del sismo de septiembre de 1985, cuando se dice que en  la visita de la esposa del Presidente de los Estados Unidos, Nancy Reagan al ir aterrizando el avión en la Ciudad de México comentó: “¡Qué desastre!”, y uno de sus asistentes discretamente le aclaraba: “¡señora esta no es la zona donde impactó el sismo!  En este chiste, la desgracia de la pobreza del pueblo mexicano se desplaza ahora hacia la situación bochornosa de la primera dama, pero tras de sí se encubre y se asoma, al igual que los contenidos inconscientes, la verdadera situación gravosa. Sin embargo, hay algo más relevante que es la irreverencia hacia la figura de Poder, justo ese mismo poder al que imaginaria o realmente se le atribuyen los efectos de ese desastre económico, se le pone en ridículo y lo trasgrede.

 

El efecto de la risa es como esa catarsis que viene a aliviar un poco el ser vulnerable o desgraciado, que al ser otro resulta más “cómodo” poderlo apreciar en su ridícula posición. Es decir, es como  un mecanismo de defensa que procura mantener la imagen íntegra del Yo, el propósito es proteger de la ansiedad, sanciones sociales, para proporcionar un refugio frente a una situación a la que uno no puede hacer frente por el momento. Como una salida rápida.

 

El chiste es dónde se cuente.

La narración previa al desenlace del chiste crea la tensión, genera la carga necesaria para la producción del efecto que es la risa, los chistes no pueden ser graciosos en todo momento y con cualquier persona, es finalmente el contexto, las similitudes culturales, de edad, estatus social y subgrupo, el ingrediente ambiental que favorece su naturaleza. Es ese efecto que al igual que lo inconsciente se asoma rápidamente, desplazado, condensado,  disfrazado al fin, para mostrar de manera fugaz su peculiar existencia, su contenido censurado, inaceptable, su aspecto inconcebible, pero al mismo tiempo encubriéndose por diferentes defensas del Yo para seguir conservando su imagen, en ese mágico juego de la palabra.

 

El chiste se estructura gracias al lenguaje, los significados más relevantes se muestran modificados, en metáforas, que significa decir lo mismo pero con una palabra que solo guarda similitud por lo que representa, o en metonimias que son  palabras que tiene un conjunto de significados que se relacionan estrechamente, Freud los refería como “condensación y desplazamiento”.

 

El tema del chiste para todo psicoanalista es un tema obligado en su formación, principalmente debido a que es un fenómeno del lenguaje que pone en evidencia la naturaleza del inconsciente del sujeto psíquico, muy a menudo eludida y hasta borrada de algunas corrientes psicológicas. El disfrute del chiste radica en poder reírse de sí mismo, y es un buen indicador de salud mental. Comentarios: demetriohll@gmail.com