Mexirámides

El origen de la construcción de las pirámides en el mundo es todavía un tema de discusión que enarbola distintas banderas y argumentos. Sus inicios se remontan a tiempos muy remotos, miles de años, muchos miles. Su simbolismo es también tema de debate, suelen atribuírseles propiedades mágicas, energéticas o chamánicas, y aunque eso esté por verse, lo cierto es que su sola presencia a lo largo y ancho de las culturas antiguas es por lo menos, asombroso.

 

Los eruditos en cuestión, aseguran que dichas civilizaciones, no tenían contacto entre sí. Por lo tanto no se explican cómo es que estas formaciones se encuentran en todos los continentes.

 

Una cultura vasta e inteligente.

Pregunto, ¿no es acaso esto una evidencia de que sí tenían contacto entre si? ¿Tal vez, estos eruditos intentan ocultar el hecho de que la humanidad ya había llegado a un nivel de desarrollo y conocimiento muy importante, antes que Europa se enterara de que 2 más 2 es cuatro. ¿No es esta una forma de minimizar la importancia de culturas como las que se dieron en Mesoamérica? ¿No es el lenguaje utilizado una forma de invisibilizar el grado de evolución que rondaron por estas y otras tierras que dejan en paupérrimas posiciones de liderazgo a las actuales visiones occidentalizadas desde Europa y Estados Unidos?

 

Son solo un par de interrogantes. No ponga tanta atención a ellas. Más bien centrémonos en algunos programas y revistas de divulgación “científica” que aportan, permanentemente desde el discurso una mirada, por lo menos sesgada. Por ejemplo: Cosmos, fue siempre un excelente programa de TV creado por Carl Sagan, un hombre dedicado a la investigación y a tratar de dar siempre un marco filosófico más amplio. Sin embargo, no hay en su cosmovisión de la evolución del pensamiento, ni en su programa de los 70s ni en la remodelada versión actual, conducido por un discípulo suyo, una sola referencia al tremendo aporte de la civilización Maya a la astronomía o a la matemática. Para estos programas y científicos, el único conocimiento aceptado es el occidental, siempre limitado en sí mismo. Revistas y otras publicaciones siguen el mismo derrotero. Muy Interesante, Conozca Más, Geografía Nacional (usted me entiende) llegan al extremo de la increíble estupidez de otorgarle a las construcción de las Pirámides causas sobrenaturales, ¡o la guía inter-espacial extraterrestre! ¿Cómo ven? Resulta que si otros pueblos y otros hombres fueron capaces de desarrollar conocimiento en una dirección que hoy no llegamos a comprender, es porque fueron ayudados por la conciencia extraterrestre. Sangrando por la herida, diría yo.

 

El mercantilismo del conocimiento occidental.

Los entiendo, lo que está en juego no es poca cosa. Para una mente mercantilista, el dueño del conocimiento y sus verdades, si tal cosa existe, es un tema fundamental. Su origen, su invención, ser los primeros. Es muy importante en ese marco de referencia, pues quien se adjudique tales logros podrá a su vez adjudicar los lugares en la pirámide social actual. Por eso invierten tanto tiempo y dinero en construir un discurso acorde a los tiempos, en los que cada civilización tenga su lugar, pero nunca por encima de la actual civilización dominante. Acusan a los regímenes fascistas de la Alemania nazi de perseguir tesoros para adueñarse de verdades universales. Pues es lo mismo que se hace desde los centros de poder científicos, políticos, económicos, culturales, mediáticos. Créame, no hay tanta diferencia entre ellos.

 

Duele mucho que sea justo México, un país que en su antigüedad haya logrado tanto en términos cívicos y científicos. El conocimiento botánico, la invención del maíz, el desarrollo urbano (los Aztecas tenían un avanzado sistemas de alcantarillas. Londres se desayunó de que eso existía recién en el siglo 19). La utilización del cero matemático por los Mayas que les permitía realizar cálculos astronómicos casi infinitos. Esto es apenas un señalamiento banal, si se quiere, solo para dar un par de datos e ilustrar mejor la columna.

 

Estos logros, sin embargo, no son tomados en cuenta por el discurso occidental, en tanto que no son incorporados al sistema de formación de ideas y conceptos. En otras palabras, no son incorporados al pensamiento.

 

Pirámides milenarias.

Las pirámides de México no son la excepción. Se vuelven locos tratando de descifrar su significado. Ruegan a todos los dioses que no se descubra una más antigua. Un nuevo índice que demuestre que aquí, por estos lares, existía una comunidad desarrollada y altamente civilizada, mucho antes que del otro lado del charco (permítaseme la expresión). “O sea se” cruzando el Atlántico.

 

Asumir esto sería catastrófico para su pobre mentalidad. Pues da cuenta del rico y extenso desarrollo que pobló el territorio de lo que se conocía como la Cem Anáhuac (la tierra entre dos grandes aguas). Hoy llamada América. Y la existencia de no una ni dos, sino de cientos de ciudades y otro tanto de civilizaciones que asombraron a los primeros conquistadores españoles… y que aún hoy causan asombro y admiración.

 

Las pirámides, por caso, y para no irnos del tema, encierran misterios que tal vez nosotros hoy, no sepamos descifrar. Conocimiento que no es revelado fácilmente, y nos obliga a plantear nuevas formas de acercamiento. Pero debe quedar claro que quienes las construyeron fueron hombres y mujeres del antiguo México, quienes las pensaron y diseñaron fueron Toltecas, Teotihuacanos, Olmecas, Aztecas, Mayas, etcétera. Los arquitectos e ingenieros que trazaron su estructura también eran de estas tierras. No hay que citar influencias o visitas extraterrestres sólo porque el hombre occidental moderno es un casi tarugo que mira permanentemente su ombligo y no es capaz tan siquiera de aceptar ese conocimiento. No por falta de capacidad, si no por falta de humildad.

 

La verdad a ciencia cierta.

Es posible que nunca lleguemos a comprender a ciencia cierta todo el legado de estas construcciones, pero sí podemos cultivar el carácter para aprender de aquellos hombres y mujeres que edificaron las pirámides. No para vanagloriarse a sí mismos, sino para rendir homenaje al cosmos de la creación del cual se sentían parte, cuidaban y respetaban.

 

Es nuestra tarea incorporar esos conceptos, no estaremos completos en tanto no lo hagamos, siempre nos faltará una pieza. Siempre tendremos una especie de anhelo por un quién sabe qué. Un dejo de tristeza, de añoranza. Una especie de viento que no sabemos bien de dónde viene, pero que lo sentimos propio, nuestro. Y que sin embargo, nos deja solos.

 

No seremos hombres formados.