“Chicos de motocicletas”

Como vivo en la parte norte de la hermosa Bahía de Banderas, para visitar a mis seres queridos tengo que ir por carretera, con un miedo atroz, pidiendo a Dios, que me conceda la fortuna de no toparme con los famosos conductores de motocicletas; pero esa petición es casi imposible, ya que tengo la mala suerte que cuando menos lo espero… ¡Oigo un ruido atroz y se me pone al frente un chico impertinente!

 

Me he topado hasta con agentes de tránsito, con compañeros de trabajo sentados atrás, sin el famoso y reglamentario “casco”.

 

En una ocasión, cuando se me atravesó un joven agente con una linda chica también de tránsito; les hice una señal para que por favor se pararan y en forma muy cortés lo hicieron en un alto.

 

Les pedí que dado a sus uniformes y sobre todo, como representantes de ley, pusieran el ejemplo y portaran ambos su casco de protección; que no se les olvidara que eran jóvenes y aunque tenían la vida por delante… ¡Eran la carrocería del vehículo y estaban expuestos a tener un terrible accidente, que podía dejarlos lisiados para el resto de sus vidas!

 

Él muy atento me dijo que tenía la razón, pero como la necesitaba dos semáforos más adelante, se le hizo fácil llevarla atrás. Ella sonrió, pero… ¡como que no le gustó lo que les dije! Me despedí  pidiendo a Dios que los acompañara.

 

Hace tres años, cuando iba a visitar a unos amigos que vivían del otro lado de la carretera, en el puente para retornar, se me atravesó un chiquillo con un pedido de alimentos; gracias a que era de noche y estaba lloviznando; disminuí mi velocidad para verificar que no viniera otro automóvil y de repente, el chico me rebasó, derrapó, y con su pierna izquierda disminuyó su velocidad hasta que quedó tirado, al igual que todos los alimentos, regados en el pavimento del puente,  junto con algunas monedas que traía en la caja.

 

Me paré de inmediato para auxiliarlo, pero tuvo la fortuna que atrás de mi venían unos amigos de él en una camioneta y de inmediato se bajaron, al igual que dos choferes más, que amablemente me dijeron que no me mortificara, que ellos lo iban a ayudar; el chico todavía asustado me dio las gracias y me dijo que estaba bien, pero… ¡El susto nadie me lo quitó!

 

Estoy consciente que la situación económica en nuestro país es muy difícil, sobre todo para esas familias jóvenes que el único medio de transporte es una motocicleta, pero creo que deben hacer un gasto extra, para comprar a la esposa e hijos una protección craneana.

 

Por el pueblo es común ver transitar en motocicletas, al padre, la madre y de dos a tres criaturas… ¡Increíble pero cierto!…

 

En trece años por desgracia me han tocado ver mínimo seis accidentes fatales de motociclistas. Cuando voy manejando me siento hasta torera, esquivando los obstáculos para poder tener una faena limpia y que los toros que crucen por mi camino… ¡Queden indultados!…

 

En época de vacaciones, es muy peligroso manejar, porque los chicos de motocicletas van toreando los medios de transporte, y sin importarles que sean trailers de doble caja, tratan de pasar entre dos, sin tomar en cuenta si los choferes están pendientes de sus proezas.

 

En éstas vacaciones hasta dejé de respirar para que el chico quedara más delgado, para que pasara sano y salvo… ¡Creí que lo dejarían como emparedado!…

 

En el alto sonriendo con cara de triunfo me volteó a ver como diciéndome… ¡Les gané!…

 

Algunos se quieren lucir haciendo los famosos… “Caballitos”… ¡riendo se te quedan viendo como esperando un gran aplauso por su estupidez!…

 

Otros aunque no traigan casco, por lo menos traen luces direccionales, que te indican cuál va a ser su próximo movimiento, para que estés preparado con el pie en el freno.

 

La desgracia es que día a día pululan más motociclistas, y con menos conocimientos de las famosas leyes de tránsito.

 

No existe la mala suerte, ¡uno mismo se la busca!, por eso si no traes el famoso “casco” para protección craneana, trae mínimo un refresco en una botella de vidrio para evitar la deshidratación y si te llegan a preguntar los agentes de tránsito por tu “casco”, de inmediato se los enseñes y les digas… ¡Aquí está!

 

Sonríe que la vida es bella.

 

Cariñosamente Ana I.