Las pobres citas

Julio Cortázar, Paulo Coelho y Bob Marley tienen algo en común: inundan nuestras redes sociales en forma de memes y citas. Los vemos repetirse cada mañana ad infinitum siempre acompañados de un “aquí les dejo esta frase” o “para empezar el día”. Conforme transcurre el día son compartidos hasta el hartazgo. Si nos fijamos bien en sus memes y frases solo hay likes y nunca las preguntas: ¿En qué contexto fue dicho?, ¿De qué libro/canción viene?

 

No sé si a ustedes les suceda pero a mí me desconcierta el abaratamiento de la cita. Un recurso que se tenía debajo de la manga para ganar una discusión o apuntalar una idea. Quizá ha sido tan gradual el debilitamiento de este recurso que no nos dimos cuenta cuándo perdió peso, y se convirtió también en relleno de un calendario desprendible o en un adorno al inicio del texto.

 

La descontextualización o el abaratamiento, no sólo se quedan en las Fan Page que se dedican a recopilar frases sino que también vive en el poco interés con que se utilizan. La cita es una forma de reescribir las voces; y en suma, nos ayuda a ser otros. Por eso veo como algo inútil la constante búsqueda de las “frases del día”. Al final, las citas se pierden en las actualizaciones de estado en Facebook, o en un tuit que leemos al pasón. Un truco para espantar silencios en una cabina de radio.

 

Y si la cita vacua es fastidiosa en redes sociales, lo peor viene cuando conocemos a alguien que en la vida real intercala una cita en cada oportunidad. Para mi mala suerte he conocido a tres o cuatro personas que no dejan de hacer referencia a cada autor que han leído. Entiendan mi fastidio pues me ha pasado con este tipo de personas que esperan a que uno siquiera pregunte la hora para espetar una frase de “El jardín de los senderos que se bifurcan”. Trato de comprender un poco a estas personas pues necesitan demostrar pericia o memoria prodigiosa, aunque para el resto del mundo no sea más que una práctica esnobista.

 

En mi caso, cuando cito trato de hacerlo como una forma de honrar a los que me robaron una idea antes de que se me ocurriera. Y citar para mí no es fácil porque tengo muy mala memoria, muchas veces no recuerdo quién dijo tales o cuales palabras que me abrieron a otras ideas, así que, cuando puedo, me gusta dejar una prueba a la memoria.
Justo ahora quiero compartirles unas palabras que leí de Enrique Vila-Matas: “Sí, es verdad. Escribimos siempre después de otros. Y a mí no me causa problema recordar frecuentemente esa evidencia. Es más, me gusta hacerlo, porque en mí anida un declarado deseo de no ser únicamente yo mismo, sino también ser descaradamente otros”. A mí las citas me sirven para demostrar que somos unos perseguidores; vamos tras las palabras de alguien más, a veces, sin darnos cuenta.

 

En ese sentido me gustan las citas que puede uno desentrañar y darles un significado propio. Por ejemplo: una de mis citas favoritas dice “No puedo decir que el cuerpo me haya traicionado nunca ni haya reclamado venganza por mis malos tratos. Apenas, en esta etapa comienza a sugerir análisis, palpaciones, compañías químicas”. Esta frase del libro Cuando ya no importe de Juan Carlos Onetti me gusta porque habla de un momento que vivo. En tres meses cumpliré 27 años y mi cuerpo ya no reacciona igual a las malpasadas y desveladas. Siento que debo empezar a cuidarlo porque ya vivió experiencias que ahora veo poco probable repetir. Como aquella vez que gané un concurso de comer tacos.