En el siglo pasado, por cosas del destino me tocó ser la primera mujer expositora en la Banca a nivel nacional; no sé decirte si era buena o mala al desempeñar mi trabajo, porque en aquellos años… ¡No tenía competencia alguna!

 

Pedro Loredo, abrió una escuela de modelos y superación personal; siendo yo la encargada de impartir dichos cursos. Un Gerente de Plaza de Bancomer, que asistió a mis clases, le sugirió al Señor Manuel Espinosa Yglesias, que me contratara, porque sentía que mis cursos serían de gran ayuda a nivel gerencial.

 

El fundador del Banco me dijo que me pondría a prueba por tres meses, ya que como iba a significar una renovación total a la capacitación que anualmente se les impartía a todos los Gerentes Bancarios (cada fin de semana en el Mesón del Ángel, de la Ciudad de Puebla), y no tenía idea del cómo reaccionarían al verme, ya que aparte de ser mujer, era muy joven (el menor de ellos era casi cinco años mayor que yo).

 

Gracias a Dios creo que pasé la prueba de fuego, porque después de esos tres meses, con un mínimo de cincuenta caballeros asistentes a mis cursos, que tenían una duración de quince horas (o más), cada fin de semana… ¡Durante casi veinticinco años!, seguía asistiendo puntualmente a mi trabajo, en cualquier ciudad de nuestro maravilloso país.

 

La puntualidad es imagen.

En aquellos tiempos, la puntualidad era imprescindible para un personaje con ese puesto y de tanta responsabilidad.

 

Iniciábamos con reloj en mano, a las ocho de la mañana en punto, y si por cualesquier motivo un Gerente llegaba con un minuto de retraso, el Coordinador, se levantaba, me pedía disculpas por la interrupción; todos de pie aplaudían al irresponsable, dando a entender que como él era representante de determinado Estado de la República Mexicana, ¡hacía quedar mal a toda su gente!

 

La puntualidad significaba: Respeto, dignidad, caballerosidad, honradez, disciplina y sobre todo servía para evitar enojos innecesarios y malos entendidos…

 

Les decía que la puntualidad era don de reyes, y les preguntaba que cuál era la diferencia entre un rey y ellos, ¡si todos eran unos caballeros!; obtenía respuestas diferentes. Cuando les hacía ver la gran ventajas que ellos tenían a su favor, sonriendo me daban la razón y acordaban por unanimidad… ¡El ser puntuales en todos sus compromisos!; ya fueran laborales, sociales pero más que nada en los familiares Porque si no eres responsable con tu familia… ¡Menos lo serás para con un extraño!

 

En cuanto se nacionalizó la Banca, me invitaron a dar unas pláticas en Manzanillo. Cuando llegué al aeropuerto no había quién me recibiera; después de una hora de larga espera, tomé un taxi y me dirigí al hotel. Pregunté por el grupo y me dijeron que estaban en una gran fiesta, que el Gerente había dado la orden que en cuanto llegara “fuera”; decidí ir a mi habitación a descansar porque ya era tarde y tenía que presentarme a las 7:30 de la mañana.

 

Al llegar al salón de conferencias, todo estaba hecho un caos; fui a la recepción a pedir ayuda para que el salón estuviera listo; gracias a Dios terminamos el arreglo a las ocho en punto.

 

Esperé una hora y media cuando el Gerente habló para decirme que me esperaba a desayunar; me recibió un mesero y me llevó a la mesa donde estaban los otros conferenciantes también con cara de asombro y de pronto sentí un golpe en la espalda de bienvenida por parte del feliz Gerente. Nos presentamos y le dije que ya estaba lista para iniciar; él me dijo que tomara el tiempo necesario para el desayuno, que de todos modos me pagarían las horas convenidas; obviamente no pude hacerlo y me retiré al salón de conferencias; después de tres cuartos de hora de espera, otra sorpresa, ¡me cambiaron la conferencia para sus damas con hijos!

 

Usaba zapatos de tacón muy altos y una hermosa criatura casi me tira de boca ante las risas de las damas, porque mientras hablaba, un ángel terrenal… ¡decidió correr por todo el salón!

 

La siguiente plática me tocó darla en la matriz del Banco en la Ciudad de México; ¡otra sorpresa!, sólo me dieron diez minutos porque había varias mujeres que también hablarían; por cierto el tema que elegí era sobre “El Respeto”; la persona que estaba sentada junto a mí, comenzó a pellizcarme y patear por debajo de la mesa, ya que ella hablaría del famoso “Acoso Sexual”…

 

Después de eso y oír sus consejos, preferí renunciar, ya que durante tantos años trabajando con caballeros… ¡Jamás me faltaron el respeto!

 

Una cuestión de respeto.

Muchos extranjeros se impacientan al ver la impuntualidad en la mayoría de nuestros habitantes, y con justa razón dicen con enojo: “Mi tiempo no es tu tiempo, porque para mí, ¡el tiempo vale oro y tú me estás robando!…”

 

Es tan desesperante la gente impuntual, como el que te digan por teléfono “un momento por favor”, y ese famoso momento se nos hacen eternidades… ¡Más cuando uno tiene alguna emergencia!

 

Lo mismo nos pasa en las oficinas públicas cuando nos dicen: “Ahorita lo atiendo”…

 

En ésta época de tanta tecnología, que el famoso reloj está a nuestro alcance aunque no lo portemos en nuestra muñeca, no tenemos excusa para llegar tarde a nuestros compromisos pactados.

 

En caso de tener algún contratiempo… ¿Por qué no tenemos la amabilidad de hablar para disculparnos y no dejar esperando con impaciencia a la o las personas con las que nos comprometimos?

 

Creo que si todos hiciéramos el propósito de ser más puntuales, ayudaríamos grandemente a que nuestro país poco a poco avance en forma más positiva. ¿No lo crees así?

 

Cariñosamente Ana I.