El cajón de sastreGente PV

Todo personal, imágenes retro

Corría el verano de 1986 y Argentina era el país de moda en México. Diego Armando Maradona “El Pelusa” nos enseñó por televisión, contra Inglaterra, que las Islas Malvinas, se recuperaban con genialidad y una mano de Dios, y en la secundaria, compartimos, mis compañeros y yo, la música que nos llegaba del Cono Sur del continente. Sobreviví al exceso de aerosol en el cabello y al rechazo de la niña más hermosa del salón de secundaria, gracias a una vieja guitarra de madera y cuatro discos argentinos que me regalaron, o le rogué a mi madre para que me los comparara: “Contra Reloj” de “Enanitos Verdes”; “Silencio” de “Los Encargados”; “Locura” del grupo “Virus” y “Nada Personal” de “Soda Stereo”. Todos ellos, al igual que la Selección de Fútbol comandada por Bilardo, marcaron la tendencia la época.

 

Los sonidos albicelestes eran variados. Con el disco “Contra Reloj” de los “Enanitos”, aprendí mis primeros acordes y derramé alguna lágrima escuchando “Tus Viejas Cartas”; Los Encargados eran un grupo melódico bajo la voz de Daniel Melero, ellos son los autores de “Trátame Suavemente”, canción que en México fue más exitosa en la versión de Gustavo Cerati; “Virus” era una banda que en el nombre llevaba la penitencia, su vocalista Federico Moura, fue la primera muerte de mi recién iniciada carrera de melómano y si mal no recuerdo, también la primera victima famosa de SIDA, junto con Rock Hudson que recuerde. Y el último de aquella remesa fue “Nada Personal” de “Soda Stereo”. Lo escuché en el viejo tocadiscos Zonda de la casa y quedé petrificado oyendo de corridito todos los temas. Aquel sonido de guitarra era completamente nuevo para mí, yo no sabía que existían pedales para hacer hablar una guitarra eléctrica: flanger, choros y delay. El acetato se rayó muy rápido porque lo puse muchísimo. Iniciaba con Nada Personal (aún me sigue conmoviendo el inicio); seguía “Si no fuera por…” el sonido de la batería de Charly Alberti y el bajo de Zeta Bosio hicieron que casi se rompieran los bafles del Zonda; “Cuando Pase el Temblor” sentado, si no en un cráter desierto, sí en un sillón; bailé a escondidas con “Danza Rota”; supe quién fue el asesino del “Cuerpo del Delito”. Luego había una pausa, se acababa el lado A, era el intermedio, en ese tiempo las cosas tenían siempre una momento de interrupción para disfrutarlas con más sabor. La contraparte fue más energética: “Juegos de Seducción”, “Estoy Azulado”, “Observándonos”, “Imágenes retro”; la obra de arte terminaba con un delay desenfrenado en “Eco”.

 

El resultado fue que formé un grupo de rock y desafié la gravedad capilar acabándome dos aerosoles por semana. Pasaron los años, algunas situaciones de aquellos tiempos mi memoria las rechazó, otras se quedaron. La semana pasada murió Gustavo Cerati, líder de Soda Stereo, como en todos los decesos famosos, hay homenajes, no es mi intensión con este texto. Cerati sí fue uno de los músicos que más me ha influenció, pero no él que más; sin embargo, frente a su muerte, veo que, así como para los argentinos el deceso de Federico Moura de Virus marcó el fin de los ochentas, para mi generación, la partida de Gustavo, es el acta de defunción que nos faltaba.