OJO DE TIGRE 2/20

De los tigres heredé el color miel de mis ojos e instinto cuasi animal para detectar criminales. Mi rostro, visto de perfil, es afilado. Tengo frente breve. Mis pestañas son chinas, grandes, muy tupidas. Mi nariz es recta, de medianas proporciones. Mi dentadura es perfecta, de color marfil, impecable de limpia. Mi boca es mediana y tengo labios delgados; una amiga me ha dicho que las mujeres de labios finos suelen ser traidoras; hasta hoy, no he traicionado a nadie. No te puedo decir si esa afirmación tiene sustento.

 

Desde los 11 años de edad uso melena al hombro y practico karate en filosofía y movimientos; hoy ostento el grado de cinta negra, quinto DAN en la nomenclatura Japonesa; mi meta será llegar a portar la cinta roja, décimo DAN, ante de los 30 años –si para entonces todavía vives, te invitaré a mi examen; éstos no se parecen en nada a los que hacen en tu universidad, aquí si te llueven putazos en serio–.

 

Mi pelo castaño es mucho más delgado comparado con el promedio de otras mujeres; eso me permite hacer un molote menor al tamaño de mi puño y mantenerlo firme en la nuca cuando estoy en campaña o practicando una kata.

Mis pies son de regular tamaño, delgados; calzo del cinco. Si te interesa completar tu apunte, te diré y demostraré, que tengo un abdomen muy plano y piernas torneadas. En todos los exámenes de la corporación me han dicho que estoy por abajo de mi peso. Los que saben, afirman que una ecuación matemática demuestra que conveniente que aumente unos kilogramos. Me siento bien así tal cual estoy y así seguiré hasta que pueda.

 

Toda yo, soy órganos blandos guardados en una caja fuerte. Mi exterior es una coraza de músculo duro y hueso más rígido aún. No acumulo grasa; soy así no solamente porque mi alimento es muy selectivo; más bien y fundamentalmente porque soy privilegiada, metabolizo con gran eficiencia lo que consumo; a ello le agrego ejercicio permanente; esas variables contribuyen a mantener la clase de vieja que ahora tienes frente a ti.

 

Présteme tu mano. No te cohíbas, tienta mi panza; ¡agarra sin miedo!; ¿ves?; no hay flaccidez; ¡sólo fibra! Pero, oye, ¡qué clase de antropólogo eres!, ¡nomás eso me faltaba! ¡Ya te puse nervioso! ¿Qué se espera si aquí mismo te enseño las chichis?, ja ja ja…