OJO DE TIGRE 4/20

Siendo estudiante comencé a trabajar en una dependencia de gobierno del Estado. A los ocho días de haber entrado, inició el programa de asistencia telefónica llamado 080 y pedí participar en él. Hoy puedo decir que ese fue el inicio de una actividad vitalicia. Con el devenir del tiempo aquello que inicié me ha llevado a descubrir una vocación de servicio, primero en la policía estatal, y en su momento con la policía federal. Mi vocación ha evolucionado desde la Procuraduría General de Justicia, Agencia Federal de Investigación, Policía Federal Preventiva y la Secretaría de Seguridad Pública. En eso sigo hasta la fecha. El grado que obtuve en la universidad me ayudó a consolidar mi profesión.

 

Mis actividades han ido desde la planeación y asistencia telefónica, hasta evaluación psicológica de personal nuevo y en activo. Gracias a la última actividad, he conocido casi toda la República Mexicana, no a nivel de turista sino en las sedes acordes a mi trabajo. Entre los lugares que he visitado está, por orden ascendente: Almoloya de Juárez –hoy el Altiplano–, en Toluca; Puente Grande en las cercanías de Guadalajara; El Penal Federal de Matamoros; El Rincón en las cercanías de Tepic; el número Cinco de Veracruz y el Seis que está en Culiacán. Los estatales no los enumero porque son demasiados. He realizado evaluaciones de personal en casi todos los reclusorios mexicanos, de norte a sur y de este a oeste. Ahora estoy cien por ciento involucrada en actividades de inteligencia a nivel federal.

 

Pero a pesar de viajar en forma permanente por diversas ciudades de nuestro país, he decidido que viviré toda mi vida en Puerto Vallarta. Aquí nací, aquí he crecido, aquí he iniciado venturas, desventuras, amores, desamores y aquí quiero descansar cuando mi creador me llame a dar cuentas de la Hacienda que me ha encomendado; mis hermanos, a pesar de ser mucho más jóvenes que yo, iniciaron hace tiempo su propia vida y familia; se han olvidado de mí y de mima nombre cortó que uso para nombrar a mi mamá; son unos irresponsables, sólo hablan para pedir dinero; ahora mi hermana vive en Tijuana, un hermano en Guadalajara y el otro, el más joven, anda en Brasil.

 

De cada mes laboral me quedo una semana aquí en Vallarta con mima; la llevo a cenar al menos dos veces en esas estancias a los mejores restaurantes; te puedo dar mi opinión de casi cualquiera que me digas; me gustaba ir mucho a La Petit France, administrado por Ignacio Cadena; acaba de cambiar al nombre de La Leche; ¿lo has visto?; está por la av. de las Palmas rumbo al centro de Vallarta, tiene a la entrada tambos de gasolina pintados de blanco.

 

Ámbar ahora está muy emocionada. El sol ilumina su rostro destacando sus ojos de color miel encendido. Toma mi antebrazo, me mira de la misma forma que un jaguar enfoca a su presa justo antes de propinar un ataque mortal; luego me hace una pregunta cuyo tono más parece la interrogación que haría a un criminal. […] te quiero pedir un favor, tú que conoces de peces, quiero regalar a mima un acuario hermoso, pero con peces de mar; ¡me puedes ayudar a diseñarlo y montarlo! ¡Pero debe ser un secreto! ¡El acuario tiene que aparecer como por arte de magia en el centro de su lugar favorito el día de su cumpleaños! ¡Puedes o no!