El cajón de sastreGente PV

¡Vámonos a la Bola!

El conflicto armado de la Revolución Mexicana se diluye con los años entre reformas electorales, agrarias y energéticas; pero nos sigue legando los puentes laborales y su innegable influencia en la cultura del país: historias, leyendas, corridos, héroes de novela y kilómetros de celuloide.

 

No se acababa la reyerta y ya Mariano Azuela quería dejar testimonio publicando “Los de Abajo”, la mejor expresión literaria de la lucha armada y desde entonces siguió una larga lista, pasando por “la Sombra del Caudillo” de Martín Luís Guzmán, hasta “Los Relámpagos de Agosto” de Jorge Ibargüengoitia y “La muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes.

 

El imaginario de la Revolución comenzó a difundirse gracias a la basta colección de fotografías y cintas de Agustín Casasola, “de ahí pal real” México sería identificado con cananas, pistolas, sombreros y bigototes. Mientras la Reforma Agraria se convertía en una realidad a medias, la pintura plasmó a los héroes unidos con nuestros ancestros prehispánicos en el Muralismo, la mitología patria emanada de la mazorca de maíz, la tierra es para quien la trabaja, el muro es para quien lo pinta. David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, Clemente Orozco, fueron artistas del sistema y jugaban a no serlo.

 

A falta de cantares de gesta, los “Corridos” relataron las hazañas de los insurrectos y los juglares las difundieron de pueblo en pueblo, “adelitas”, valentinas, rieleras y cucarachas, décadas antes que ese género musical fuera raptado por los cárteles.

 

Cámara y acción. A las tropas y coroneles el cine les dio un lugar preponderante, fue el mejor promotor de la estética, pero no de los ideales de la Revolución. En Estados Unidos, asombrados por los embates de Pancho Villa en Columbus, se obsesionaron con el tema y en 1934 se filmó “Viva Villa”, una ficticia biografía de Doroteo Arango; poco después el ruso Serge Eisenstein realizará “Viva México” con capital del país vecino y ya en el hartazgo del tema, las palmas se las lleva “Viva Zapata” de Elia Kazan, con guión del mismísimo John Steinbeck e interpretando al caudillo, Marlon Brando “Viva Marlon”. En México, el tema se convirtió en nuestro western, Emilio “El Indio” Fernández, Ismael Rodríguez, directores vinieron y se fueron y nos dejaron clásicos como “La Cucaracha”, obra cumbre del género básicamente porque reunió a las dos divas, Dolores del Río y María Félix. Obligado a citar “Enamorada” y “La Bandida·

 

¿Qué nos queda de la Revolución Mexicana? El arte como reflejo de una insurrección traicionada, siempre con una versión festiva, pero pesimista y un partido que institucionalizó el movimiento. Ya dejo de escribir por hoy esta columna porque ya vienen los pelones. “Adiós muchachos, ya se van los garroteros, ya se acabó la función, tengo mi par de caballos para la Revolución, uno se llama el Jilguero y otro se llama el Gorrión”.