La gallina de los huevos de oro

LA NUEVA REALIDAD. Algo bueno debe salir de la crisis en la que se encuentra inmerso nuestro país. La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa ha sido el detonador para el hartazgo de amplios sectores del país que históricamente han visto la forma en que los hombres y mujeres del poder se reparten el país cada seis años como botín de guerra. En las cúpulas los gobernantes y líderes sindicales se sirven con la cuchara grande, en la parte baja el asalariado sobrevive como puede, con una gasolina cada día más cara pese a que el precio del petróleo está en su punto más bajo de las últimas décadas. Mientras en el resto del mundo el precio de la gasolina sube o baja de acuerdo al precio del barril de petróleo, en México nunca, pero nunca de los nuncas, se ha registrado una disminución en el precio del litro de la gasolina. Como Al Capone, que no pudo ser encarcelado por traficante pero fue enjuiciado por evasión de impuestos, el sistema mexicano podrá no ser culpable de la desaparición de los 43 estudiantes de Guerrero, pero es responsable de las ofensivas condiciones de vida en la que se encuentran millones de mexicanos y aunque sea por eso hay que exigirle cuentas.

 

HÁGASE LO QUE SE DEBA… Algo similar ocurre en Puerto Vallarta, un municipio que apenas en el 2006 presumía una deuda pública de cero. Contra lo que muchos suponían, Gustavo González Villaseñor entregó la alcaldía a Javier Bravo con cero deuda pública y 20 millones de pesos en la caja para hacer frente a la primera nómina del nuevo gobierno. Esa condición de cero deuda se había conseguido por primera vez en el trienio 1997-2000 con David Cuevas García, quien gracias a la venta del predio conocido como La Pechuga liquidó los últimos 30 millones de pesos de la deuda de 40 millones de pesos que habían dejado Rodolfo González Macías y Rafael Yerena en 1995. Como buen administrador, David Cuevas prefirió pagar la deuda pública que hacer obra pública y endeudar más al municipio, por desgracia en la política abundan los seguidores de González Macías, quien tenía como frase común la de “hágase lo que se deba, aunque se deba lo que se haga”. Bajo esa premisa Javier Bravo le heredó a Salvador González Reséndiz una deuda de 720 millones de pesos y éste hizo lo mismo con su sucesor, aunque en su momento Ramón Guerrero Martínez presumió que la deuda real del municipio era superior a los 3 mil millones de pesos. Hoy, por increíble que parezca, no hay nadie en Puerto Vallarta que sepa con certeza a cuánto asciende el monto de la deuda pública del municipio.

 

TIEMPO DE VACAS GORDAS. Pese a sus enormes aprietos económicos, Puerto Vallarta es una vaca regordeta que da muy buena leche para los privilegiados que cada quince días chupan de sus tetas. Desde el empleado de más bajo nivel hasta el de mayor alcurnia tienen derecho a beneficios salariales y sindicales que nadie más en Puerto Vallarta disfruta. Sin importar que las calles estén destrozadas o la seguridad pública sea un remedo, cada quince días más de 14 millones de pesos son destinados al pago puntual de cerca de tres mil privilegiados que llegaron a su cargo gracias a compromisos políticos o de amistad. No se sabe de un solo caso en que un empleado del ayuntamiento haya conseguido su empleo gracias a su capacidad, por lo mismo ninguno se mantiene en él gracias a su productividad. Por el contrario, consiguieron el empleo por amistad o influyentismo y se irán de él cuando caigan de la gracia del que los contrató. Porque ni siquiera el fin del trienio es motivo para que la mayoría de estos sátrapas abandone la nómina ya que gracias a los mismos privilegios laborales que disfrutan pueden aferrarse al cargo más allá de los vaivenes políticos. Por lo mismo cada trienio el ayuntamiento gasta cantidades millonarias en el pago de indemnizaciones laborales por presuntos despidos injustificados cometidos por gobiernos anteriores.

 

EL JUEGO DEL TÍO LOLO. Hasta antes de 1995 todos los empleados de confianza del municipio presentaban su renuncia cuando se acababa el gobierno que los contrató. La tendencia cambió con la llegada del PAN al poder porque al término de cada trienio los panistas lejos de presentar sus renuncias se acogían a la ley y exigían su permanencia en la nómina. Gracias a eso la nómina municipal está plagada de panistas pese a que ese partido perdió el poder en el 2003. Esa negativa a dejar espacio en la nómina para que el nuevo alcalde acomodara a su gente obligó a los nuevos gobiernos a despedir a los indeseables, abriendo la puerta a millonarios litigios que indudablemente termina ganando el demandante. Un ejemplo claro lo tenemos en Érika Yunueth González Landaverte, quien está próxima a recibir más de un millón de pesos por haber sido despedida en el 2006. Lo peor de todo es que la señorita lleva dos años cobrando en el ayuntamiento como jueza municipal, cargo por el que recibe 18 mil pesos mensuales. O sea que además del milloncito que está a punto de agenciarse la damita le ha sacado al municipio más de 400 mil pesos por concepto de sueldo y prestaciones, como el aguinaldo que está próxima a recibir por cercas de 40 mil pesos.

 

POSDATA. El caso más cínico lo tenemos en la persona del panista Luis Raúl Melín Bañuelos, quien está a punto de cobrar una millonaria liquidación por haber sido despedido en el trienio de Gustavo González Villaseñor. El muy pillo reclama 10 años de salarios caídos pese a haber cobrado tres años como regidor, recibiendo por lo menos 2 millones 200 mil pesos durante el trienio en que fue regidor. Demasiado dinero público invertido en un tipo que sólo sirvió para levantar el dedo cuando se aprobó el criminal endeudamiento de 450 millones de pesos en el año 2009.

 

VOX POPULI. En los próximos días el ayuntamiento vallartense se verá obligado a abrir la chequera para pagar millonarias indemnizaciones por laudos generados en el pasado. Lo mismo hará el próximo gobierno con los más de 100 despidos injustificados que generó Ignacio Guzmán García al arranque de esta administración. Como el dinero no sale de sus bolsillos, los responsables del gobierno en turno se dan vuelo despidiendo trabajadores para abrir espacio en la nómina a sus incondicionales. Sería bueno pedir a los estudiantes de Ayotzinapa o a los del Poli que incorporen en su pliego petitorio esta problemática, porque en Puerto Vallarta a nadie parece importarle.