La pareja y sus alter ego: los robots para el disfrute sexual

En 1863, Julio Verne el gran escritor francés que se adelantó al futuro, presenta su primera novela “París en el siglo XX”, la cual es rechazada por su editor por plantear hechos y cambios que nadie en su sano juicio pensaba que pasarían un siglo después.

Esta novela durmió más de ciento veinte años y fue recién editada en 1994, también en la ciudad luz, la que admirablemente describe, el “París del siglo XX”, para Verne sería 1960, donde aparecen los subterráneos, trenes ligeros, el internet, el gran tráfico de autos en las calles y el poder de las grandes corporaciones, como así lo es en la actualidad.

Pero toca un tema que más que audacia se necesita una gran premonición para llegar a entenderlo en una época de grandes cambios, y es el de la crisis de la familia y los profundos cambios en las mujeres, lo que hoy denominamos la revolución femenina.

Así escribe Verne: “…esto es lo que yo te puedo decir: el matrimonio me parece una heroicidad inútil en una época en que la familia propende a destruirse, en que el interés particular empuja a cada de uno de sus miembros por caminos diversos, en que la necesidad de enriquecerse a todo precio mata los sentimientos del corazón; antes, según los autores antiguos, todo era muy diferente; si hojeas los viejos diccionarios, te sorprenderá encontrar palabras como penates, lares, hogar doméstico, interior, compañera de la vida, etc.; pero aquellas expresiones hace mucho que desaparecieron, junto con las realidades que representaban. Ya no se utilizan; parece que antaño los esposos (otra de las palabras en desuso) mezclaban íntimamente su existencia; uno recuerda las palabras de Sancho: “¡No es gran cosa un consejo de mujer, pero sería un loco si no lo escuchara!” Y se lo escuchaba.

Pero ve la diferencia: el marido de hoy vive lejos de su mujer; en la actualidad habita en el club (deslocalización del trabajo), allí desayuna, allí trabaja, cena y juega, y allí se acuesta, la madame hace sus cosas por su lado. Monsieur la saluda como a una extraña, si es que la encuentra por casualidad en la calle; la visita de vez en cuando, aparece los lunes o los miércoles; a veces Madame lo invita a comer, rara vez a pasar la tarde; en fin, se cruzan tan poco y se tutean tan poco que uno llega a preguntarse si verdaderamente quedan herederos en este mundo.

Ha continuado la tendencia del siglo último: ya entonces se trataba de tener los menos hijos que fuera posible, las madres se molestaban si veían que sus hijas quedaban embarazadas muy pronto y los maridos jóvenes se desesperaban por haber cometido tamaña barbaridad. Por otra parte, hoy ha disminuido notablemente el número de hijos legítimos en beneficio de la multiplicación de hijos naturales; estos últimos ya son la mayoría…”.

El ocaso de la familia implica un cambio radical en el de las parejas, que no podemos predecir hasta donde llegará, aunque ya hay una pista sobre un tercero que remplazará a uno de los actores de la pareja o se sumará a un grupo de intercambios y placeres conjuntos, se trata de un nuevo tipo de robot, los que tiene funciones sexuales.

La tecnología desde la última década se perfila como el artífice de la sociedad del ocio, los robots eran esos seres artificiales que nos librarían del trabajo sucio y que nos proporcionarían incontables horas libres para aprender, disfrutar, descansar y dedicarnos a nuestros pasatiempos favoritos, eran los grandes compañeros, porque no discutían, no diferían y siempre hacían caso al amo moderno, el dueño.

Pero esta utopía no sólo no se cumplió sino que se invirtió y en vez de ser nuestros compañeros son nuestra competencia por las mismas razones por las que serían buenos compañeros, no discuten, no se cansan, hacen bien el trabajo, se los puede actualizar cambiando una pieza o programa, no cuestionan las órdenes, no se agrupan y por ello no hacen huelga, ya que ni siquiera tienen salario.

Y la tragedia llegó, ya que hoy principalmente en los países de alto desarrollo, las máquinas quitaron el trabajo a la mitad de la población y se lo incrementaron a la otra mitad, con lo que empezamos a verlas con algo más de desconfianza, porque son tecnologías hoy controladas, mañana no sabemos si nos controlarán a nosotros, que tenemos, según las pruebas de ingreso a la universidad un coeficiente menor, y el de ellos apenas comienza a desarrollarse.

En un estudio llevado a cabo por el Pew Research Center, el pasado agosto de 2014, titulado AI Robotics and the Future of Jobs, que incluye visiones de expertos sobre los avances en inteligencia artificial y robótica, y su impacto en nuestros trabajos y empleo, nuestras preocupaciones no deberían dirigirse a si los humanoides nos hacen la cama y se quedan con nuestro despacho sino que lo que debemos temer realmente es que nos la deshagan con nuestro partenaire y se queden tan frescos.

Las conclusiones del estudio no son nada novedosas a nivel laboral, ya que los avances en tecnología y robótica nos librarán de los trabajos más pesados y puede que también nos priven, contra nuestra voluntad, de algunos que nos pagaban las facturas, pero al mismo tiempo crearán nuevas profesiones y, sobre todo, redefinirán la idea que hasta ahora hemos tenido del término trabajo y de lo que se espera de un asalariado o profesional liberal. El estudio empieza a ponerse interesante cuando Stowe Boyd, de la compañía Gigaom Research, dice que para el año 2025 “los robots sexuales serán algo habitual, a pesar de que puedan ser fuente de desprecio y divisiones”. Y continúa argumentando que estas maquinitas lujuriosas “serán vistas por sus detractores, tal como ahora muchos identifican a los selfies, como un signo de todo lo malo que ocurre en el mundo”.

Pero Stowe Boyd no es el único que predice este enorme tsunami en la sexualidad planetaria, ya que antes David Levy, campeón de ajedrez y experto en inteligencia artificial, se había explayado a gusto al respecto en su libro Amor y sexo con robots (2008, Paidós), donde auguraba que en 2050 habría androides diseñados para satisfacer nuestras necesidades sexuales y afectivas. No estamos hablando de una obra de ciencia ficción. Este autor es la única persona que ha ganado el premio Loebner, la competición anual para determinar que chat software es el más realista, en dos ocasiones (1997 y 2009).

De este tsunami de cambios destaca en la robótica el proyecto llamado I-Friend, que es un software muy sofisticado que incluye emociones, personalidad y estados de ánimo, y puede configurarse con cualquier fin que el mercado requiera, incluida un novio o novia virtual robot. Este “amigo/a” estará también equipado con un cuerpo caliente, labios que se muevan, habla y órganos sexuales inteligentes.

Para Levy, los robots sexuales supondrán un gran boom en la sociedad, ya que hay millones de personas que por diferentes razones, no pueden establecer relaciones íntimas con otro ser humano.

Una encuesta levantada en el Reino Unido, y que supervisada por el profesor Martin Smith, de la Middlesex University, dio un resultado asombroso, ya que el 46% de las 2,000 personas encuestadas estaría a favor de mantener relaciones sexuales con un robot y no verían con malos ojos a quienes lo hicieran, ¿ya asumieron que son de otra generación diferente?

En el 2013, en Estados Unidos se realizó otro estudio similar, y el universo de aplicación fueron 1,000 adultos y cuyos resultados fueron publicados en el Huffington Post junto con la firma de estudios de mercado YouGov y tuvo como resultado que el 9% de los participantes estaban dispuestos a irse a la cama con un ser artificial, pero dado el puritanismo aunque falso que se practicó en la sociedad norteamericana a muchos le surgía la duda de si eso podía considerarse una infidelidad o no.

Hace pocos meses el sociólogo Nicholas Carr publica un libro titulado “Atrapados”, que es un marco de adelanto de las transformaciones que está teniendo la sociedad y que no nos damos cuenta, ya que estamos siendo controlados por una serie de robots que saben más de nosotros que los que nos conocen.

El amor con robot suena a fantasía, pero las primeras notas nos las da el Sex Shop con todo un instrumental para el placer, quizás sea el preámbulo de un cambio muy fuerte, que ya lo anuncio Julio Verne desde el pasado.

Los robots son la gran fantasía, como las mascotas mientras las podamos controlar y dirigir, por ello al igual que estos animalitos, los robot se ponen como amenaza si logran autonomía, algo que no es difícil de alcanzar, porque la inteligencia artificial hoy está al paso de dar un salto al vacío y sin retorno.