La paz es fruto de la justicia: El mensaje del profeta Miqueas

Pbro. Lic. Juan Luis Casillas Martínez (*)

casillasmartinez@gmail.com

 

Recientemente los Obispos de México se han pronunciado a favor de la paz en el País. En sentencias como: “No queremos más sangre. No queremos más muertes. No queremos más desaparecidos. No queremos más dolor ni más vergüenzas”, han manifestado su cercanía con los familiares de los muertos y desaparecidos y su preocupación por la situación que lastima a la Nación.

El clamor de los Obispos es el clamor de todos. A México le urge que la verdad y la justicia provoquen una profunda transformación en todos los niveles, especialmente en el orden institucional, político y judicial.

 

LA PAZ, UN ANHELO DE TODOS

 

La paz es un anhelo del ser humano de todos los tiempos. Los profetas de Israel experimentaron ese deseo y se comprometieron en la construcción de una sociedad pacífica, cimentada en la verdad y en la justicia social como fruto de una auténtica religión. El profeta Miqueas es un ejemplo.

 

EL PROFETA MIQUEAS

 

Miqueas –en hebreo Mikah– significa: “¿quién como Dios?”. Es un hombre originario de Moreset, un pequeño poblado cercano a la ciudad de Jerusalén.

Fue contemporáneo del profeta Isaías y ejerció su misión durante los reinados de Joatam, Ajaz y Ezequías, período que abarca –aproximadamente– de los años 740 al 687 a.C. Durante este período histórico el pueblo judío estaba dividido en dos reinos: el reino del Sur, llamado Judá, con su capital Jerusalén; y el reino del Norte, llamado Israel, con su capital Samaria.

Aparentemente todo estaba tranquilo para el pueblo judío. Pero el reino asirio acrecentaba su poder y comenzaba a expandirse. De manera que muy pronto Asiria conquistó primero el reino del Norte y poco a poco fue conquistando las ciudades del reino del Sur, logrando sitiar a Jerusalén y obteniendo de ese lugar jugosos impuestos.

 

ENTRE DESGRACIAS SOCIALES Y RELIGIOSAS

 

La conquista de Asiria sobre Israel tiene graves repercusiones en la vida religiosa del pueblo judío.

Ajaz –rey del Norte– es el primero en consentir la tentación de rendir culto a los ídolos de los vencedores y muy pronto también el pueblo se impresiona con el supuesto poder de los dioses asirios. Por su parte Ezequías –en el Sur– reacciona fuertemente contra la misma tentación y emprende una profunda reforma del culto a Yahvé purificando el templo y destruyendo la obra de los reyes idólatras que le precedieron.

Socialmente las cosas no estaban mejores. El descuido de lo religioso había provocado una grave crisis social. La administración real, la nueva situación sedentaria del pueblo y el desarrollo del comercio con los pueblos vecinos habían transformado la antigua estructura del pueblo de Dios, convirtiéndolo en víctima de la violencia, la inseguridad y la injusticia.

Es cuando Miqueas proclama un mensaje claro, directo y sin temor, descubriéndole a los suyos su mal proceder e invitándolos a volver su mirada hacia Dios, quien sin duda intervendrá en la historia para transformarla.

 

UN MENSAJE DE PAZ Y ESPERANZA

 

Este libro del Antiguo Testamento es un elocuente mensaje social. Miqueas responsabiliza de las injusticias sociales a los jefes de la nación, a los falsos profetas y a los sacerdotes infieles; injusticias que se manifiestan en la opresión de los más débiles y en el robo de sus propiedades.

Sin embargo, como profeta de la esperanza, también contiene anuncios proyectados hacia el futuro: “Y tú, Belén, la más pequeña entre las ciudades de Judá, de ti saldrá el que ha de reinar en Israel. Y tendrá como misión la liberación de los opresores, alejando toda forma de idolatría y de soberbia humana, pues Él mismo será la paz”.

Miqueas es consciente del estado de confusión moral en que ha caído su pueblo, pero también está seguro de que Dios volverá a compadecerse de él.

Hoy como entonces, “la vía pacífica, que privilegia el diálogo y los acuerdos transparentes, sin intereses ocultos, es la que asegura la participación de todos para edificar un país para todos… Todos somos parte de la solución que reclama en nosotros mentalidad y corazón nuevos, para ser capaces de auténticas relaciones fraternas, de amistad sincera, de convivencia armónica y de participación solidaria” (Obispos de México).

 

(*) Vocero de la Diócesis de Tepic en Puerto Vallarta y Párroco en Las Juntas.