La piedra en el zapato

tabletCuando el PRI perdió la Presidencia de la República y adoptó el papel de oposición, no se imaginó que el mundo y nuestro país cambiarían y que diez años después comenzaría una época de vida digital. Ni el PRI ni nadie se imaginaron que pasaríamos de informarnos solo en el periódico y la tele, a estar como locos picándole refresh a las pantallas y pantallitas deseando que las noticias nos provoquen indignación o risitas.

 

Acostumbrados a la obediencia y el silencio de una disciplina casi militar disfrazada de unidad, los priistas no pensaron que las instituciones que dejaron incólumes –más por miedo que por respeto-, en unos años se verían criticadas por cualquier ciudadano que se sintiera agraviado. No avizoraron el cambio porque atribuyeron el poco respeto a las instituciones por el nulo respeto que le dábamos a Vicente Fox.

 

Seguramente los priistas confiaron en que el respeto es inherente al presidencialismo y que al recuperar el Gobierno Federal todo volvería a ser igual. Así pues, fraguaron su regreso desde la militancia: eso que llaman voto duro y que no suma ciudadanos. Esa militancia que solo sabe decir que es “priista de hueso colorado”.

 

El retorno del PRI no vino acompañado con una lectura de cambio para el partido tradicionalista. Hacen mal si se refugian en la coba de su militancia y se cierran a las críticas en redes sociales. Si bien la libraron cuando los chistes y burlas generadas en redes sociales, a propósito de la respuesta que Enrique Peña Nieto dio en la FIL, no le quitaron la victoria en las elecciones, en aquel momento tenían a su favor un voto duro.

 

Ahora tienen que saber que hay un debate real en Twitter y que nuestra indignación no está fincada en lo poco o mucho que hicieron los panistas durante sus dos sexenios. Ahora al PRI le toca saber que los ciudadanos que no somos su voto duro le estamos pasando la factura de varias décadas y nuestra protesta es la misma de nuestros padres. Pobreza, falta de empleo, autoritarismo, ergo, mal gobierno son un mal de muchos años de los que ya estamos cansados.

 

Las redes sociales son un terreno en donde Televisa no le puede ayudar al presidente apantallador. Si los medios tradicionales se han entregado al oficialismo de antaño. En redes sociales sí tenemos un presidente cuestionado, con funcionarios vigilados y que ya pueden ser destituidos. Como el caso del ex procurador de Profeco, cuando su hija menor originó un escándalo.

 

Bien le valdría al PRI entender que los tiempos cambian y no todo es voto duro. De lo contrario le tocará aprender que esta nueva vida digital nos dio un icono que nos gusta presionar como degenerados: “el refresh o actualizar”.

 

Si bien las redes sociales no quitarán del gobierno a Peña Nieto, los jóvenes menores de edad que hoy representan el 37% de los usuarios de internet en nuestro país le pasarán la factura en las urnas.