LA FALSA NAVIDAD

Estoy harto, atragantado, de las huecas palabras que toda la gente ha repetido idiotamente desde hace muchas décadas y que logran enloquecer al más psicótico habitante del manicomio de Arkham: “feliz navidad y feliz año nuevo”. El más profundo desprecio ni siquiera lo merecen esos papagayos sociales. La más honda ignorancia es lo mejor.

Ni los más abyectos puercos placeros podrían engullir lo que esa inmensa jauría navideña traga, y que es capaz de sepultarse en la más ignominiosa miseria y torpeza con tal de consumir mercaderías hasta reventar. Y todo por no quedar en ridículo, por ese afán imbécil de decirle al otro: yo soy el mero mero y tú, vales madre.

La méndiga cena, las falsedades de que el “niñito Dios”, o el borracho panzón de santa clos traen los dizque “regalos”, las borracheras que agarran los adultos dando mal ejemplo a los pequeños, los pleitos y mentadas de madre, las balaceras, el consumo inútil y estúpido de bienes innecesarios, los suicidios, el ultraje que por el dispendio se causa a los que no tienen ni que papear.

Las deudas que se contraen, el patrimonio que se le roba a los hijos por gastar desmedidamente los padres, los burdeles inflados de lujuriosos, los fornicadores navideños, los perversos y toda esa caterva de patanes que balbucean y babean con miradas libidinosas gimiendo sexo fácil. Alcohol, drogas, delitos, blasfemias y consumo.

Así es como celebramos la fiesta religiosa que conmemora el Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Ni en las más duras prisiones, campos de exterminio, guerras feroces y odio infinito se realiza tanta imprecación y agravio a Dios. En este día de Navidad es cuando más maldecimos a Dios. Lo recibimos con borracheras, robos y fornicaciones. Más nos hubiera valido no haber nacido.

Nos burlamos, sí, nos burlamos de la misma Madre de Jesús, nuestra Santísima Madre, al escarnecer el Nacimiento de su Hijo, de Ese que vino a redimirnos, a rescatarnos del dominio de satanás, de Ese que a diario se arrastra tras de nosotros, suplicándonos un poco de nuestra atención.

Como raza de víboras y sepulcros blanqueados, asistimos a las misas dominicales pretendiendo, con eso, aquietar a nuestra conciencia. Mascullamos oraciones ininteligibles de larga duración, creyendo que, con tal, nos vamos a ir al Cielo porque ya somos buenos. No nos damos cuenta de que estamos podridos, sí, bien podridos que hasta apestamos a cadáver.

Cada diciembre, la sociedad, en general, escarnecemos, humillamos la imagen de Cristo. Lo volvemos a escupir, a maldecir y a herir; sin comprender que, somos, cada uno, su creación y objeto de infinito amor. Y el único, capaz de rescatarnos del eterno sufrimiento.

Como dijera el gran Profeta Mamías: “no mamen bola de perros malnacidos” “Ni saben el día en que se los va a llevar la chin…”

Este diciembre no compren ni den nada, nada. En la noche buena, recen y váyanse a dormir ofreciendo su vida a Dios.

No sigamos injuriando el nombre de Dios. Ya basta.