CONFÍEMOS EN ÉL

Hay una multitud de seres humanos que le damos un significado erróneo al concepto de Fe en materia religiosa, y así andan diciendo que fe es creer en lo que no se ve; algo tal falso que me lleva a admitir, en consecuencia, que no creo en lo que se ve. Entonces, los que tuvieron la fortuna de ver, con los ojos, a Jesús; no creyeron en Él porque, si hubiese sido invisible sí que hubieran creído en Él.

Fe es dar firme asenso a las verdades reveladas por Dios. Pero el simple hecho de admitir, como ciertas, las verdades reveladas, de nada nos sirve para nuestra vida. El mero creer en Dios carece de valor y de significado algunos para el comprender el sentido de vivir.

Lo más certero para nuestro cotidiano vivir no es tanto el mero creer en Dios sino, en lo más importante; confiar en Él. Porque confiar quiere decir esperar con firmeza y seguridad en algo o en alguien. Todo tu pensar, sentir y actuar deberá estar fundamentado en la confianza hacia a Dios.

La vida se compone de problemas, necesariamente, que exigen una solución. La misma vida es un problema enorme. Tú haces lo que te toca para resolver esas dificultades, pero como eres un ser limitado no puedes remediarlas con perfección, o bien, no lo puedes hacer.

Ante ese cúmulo de dificultades, y tu incapacidad para solventarlas, te debates en un río de frustraciones que te llevan a la neurosis y de ahí, al suicidio. La existencia se convierte en un infierno y maldices la hora que te parieron. Te entregas a mil locuras para salir del dolor existencial, pero no lo logras.

Es el momento de la confianza, de abandonarte a Dios. Ese abandonamiento consiste en esperar con firmeza y seguridad que Él tiene la verdadera solución a esos problemas, pero, sin creer que tales soluciones serán como tú las deseas, sino como Dios las realice.

Tendrás que someterte, absolutamente, a su voluntad en la firme convicción de que será lo mejor. En eso consiste la infalible confianza: en someter tu voluntad a la de Él. Te dará la salida pero a su manera, no como la que tú quieres y tendrás que aceptarla porque es la única adecuada ya que no proviene de un ser humano imperfecto sino del mismo Dios. En eso consiste todo el secreto de confiar en Él.

Voluntatem tuam. (Hágase tu voluntad).

Esta es el indiscutido sentido de la Navidad. Dejar que Jesús nazca en ti, lo que quiere decir que te has sometido a Su Voluntad, en el entendido de que, aceptas sus decisiones sobre tu vida, cualesquiera que ellas sean. Entregarse, sin condición alguna, a Él y ya. Hazlo y serás feliz.

Lo demás es pura mentira, te dan falsas esperanzas para quitarte la paz. Mándalos al diez de mayo.