Por qué el arte

Oscar Wilde en su célebre carta dirigida a los señores de la corte que lo juzgaban por inmoral, sentenciaba que todo arte es inútil.

 

¿Qué es el arte? ¿Cuáles son sus alcances? ¿Es suficiente con platearse éstos interrogantes, o son un mero recurso, un ejercicio del pensamiento sin anhelo de respuesta alguna? Un ejercicio que sólo es atraído por la pregunta misma.

 

En el transcurso de días pasados, llevo a través de la web, un debate con un amigo de otras pampas, quien afirma que existen problemas planteados por preguntas mal redactadas, y es deber del filósofo, el intelectual, despejar esas marañas discursivas que se forman a partir del error. Digo entonces que la pegunta esbozada en el título de esta Columna, tal vez esté mal redactada, confeccionada, incluso escrita. De plano está mal hecha. Pero en la infinita tozudez que me asiste, digo también que vale la pena pensarla, debatirla.

Quizás en la pregunta está la respuesta.

¿Por qué el arte? Nos anuncia una obviedad que solemos pasar por alto. El arte existe, no importa cómo lo etiquetemos o clasifiquemos su valor. No importa tendencias, origen, sexo o religión. El arte existe muy a pesar de todo eso, y con todo eso incluido en sí mismo.

 

La vida corre por los mismos rumbos, constante, inconmensurable. El arte como la vida sigue ese derrotero, ese destino. Sin embargo y a pesar de lo obvio, nosotros como sociedad, tenemos la tendencia a pensar o presentar el arte como cosa juzgada, como caso cerrado, como un ente en sí mismo, separado de una especie de institución, empresa u ONG, que trabaja por sus propios intereses, que cuenta con voluntad propia, como si esa voluntad o conciencia, no estuviera enlazada a la condición humana. Como si fuera un objeto fuera de nosotros.

 

Al hacer esto, negamos una cualidad inherente que no puede ser olvidada. Esa cualidad es la que nos permite hacer la pregunta, plantear el interrogante, pensarlo: ¿Por qué el arte? Y podemos hacerlo, porque el arte existe, es nuestro, nosotros formamos parte de él, y el arte es una expresión nuestra, una extensión de nuestra voluntad, nuestra conciencia. Necesidad a fin de cuentas de representar lo que vemos, sentimos, percibimos. Necesidad de representar la vida.

No es posible limitar eso, aunque la razón nos obligue a clasificar, medir y valorar, tal cosa es inútil. El arte, hijo propio de la vida, como ella, solo puede ser experimentado, y la experiencia solo puede ser almacenada, transmitida, regalada, modificada y enriquecida. Y sí, también puede y debe ser cuestionada. Por eso el arte.