Vegetar es vivir

Vegetar significa que vivas sólo con vida orgánica, igual a la de las plantas, disfrutar de una vida tranquila, sin trabajos o cuidados. Vegetar tu vida es sentir con tus sentidos explorando. Huele, mira, toca, saborea, oye; pero deja de pensar, vive el actual. Concéntrate en tus meros sentidos y goza, desenfrénate, desabróchate el cinturón, suéltate el calzón.

Porque el recordar es sufrir, anhelar inútilmente el hubiera, lo que ya no puede ser hoy ni mañana, lo que es ya imposible, porque el pretérito es arrepentimiento, desconsuelo y mero llanto.

Porque el será y el puede ser no existen; porque el futuro nos llena de zozobra, de preocupación, ansiedad y depresión. Nos hunde en el síncope de la locura, de los recónditos deseos insatisfechos, de esa ansia inmensa de sed que sufre el náufrago.

Porque el presente no existe sino el mero fluir y en ese chorrear se nos va la vida, sentimos la agonía de la muerte que arrima, la inmensa angustia de dejar de ser de esa que hablaba Jean Paul Sartre y que se resuelve en el absurdo del vivir.

Porque recordar, gotear y esperar implican pensamiento y el pensar atenta contra el vivir. Por eso, ni pasado, presente ni futuro son el vivir, porque se refieren a cosas que no existen, porque hubiera, siendo y será son ingratos tormentos que una sociedad de locos le ha impuesto a las almas.

Saborea, hasta el último trago, ese vibrante cogñac, siente el suave burbujeo del champaña en tu paladar, que ondulen en tus oídos los suaves ritmos de tu fantasía, masca con intensa fruición esos manjares en tu amable mesa ofrecidos, husmea esos melancólicos olores que emanan de tu cálido hogar.

Vegeta, siente, aun cuando sea un instante, en tu vivir y, sólo por un instante, deja de pensar. Porque eso, eso y nada más eso, es vivir. Porque a Dios se le vive y Él es la Vida. No pienses, no pienses ya. Quítate la ropa, deja de lado al mundo, quebranta sus reglas.

Sin tiempo hay vida, porque el vivir es eterno, comienza pero no finaliza. No hay cárcel, dolor o motivo alguno que te prive del vivir. Sólo la muerte acaba con tus sentidos. Siente, siente y nada más.

Porque Dios también sintió y amó el vivir, ama a los hombres que por Él se dejan conducir.

Tira la toalla y atrévete a vivir.