El Precursor

México es, para bien o para mal, una federación. La actual Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 40 que: “es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una Federación establecida según los principios de esta ley fundamental”. En este apartado se cimienta la grandeza territorial de nuestro país y se reconoce la separación de poderes.

 

Pero, para llegar a esta definición y organización territorial actual, al declararse la Independencia de México, nuestro país necesitó encontrar una forma de gobierno diferente al que se acostumbró durante la época de la Colonia española. Tras el encuentro entre Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero, ocurrido el 10 de febrero de 1821 en Acatempan, se marcó el principio de esta búsqueda de un proyecto para unificar a nuestra nación.

 

Sería la propuesta de Francisco Severo Maldonado, cura de Mascota -oriundo de Jalostotitlán, escritor y político mexicano-, la que saltaría de entre todas las propuestas surgidas de los pensadores mexicanos del momento por tener como objetivo un sistema de organización igualitario capaz de abatir la pobreza. Un modelo de gobierno basado en el federalismo

 

En el libro “Contrato de Asociación para la República de los Estados Unidos del Anáhuac (publicado originalmente en 1823)” –reedición, a la cual tuve acceso cuando lo encontré en una venta de remate- Severo Maldonado plasmó su férreo apoyó el modelo federalista en oposición al centralismo que predominaba en el país. En su propuesta de constitución coincidió en la división de los tres poderes y la organización de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. También, trata de incluir “medios igualmente seguros e infalibles de pacificar a la patria, acallando todas las facciones y partidos que tienen desgarrado su seno, llamando a todos los ciudadanos al reposo por medio del resorte omnipotente de un interés individual, haciendo que cada uno se ocupe solamente de la fortuna que se le prepara, sin dejarle tiempo, ocasión o motivo, de pensar, ni aun remotamente, en turbar la paz de los demás”.

 

Aunque no fue el único ni el primero en seguir el modelo federalista, sí fue uno de los pensadores más destacados por su interés en sentar las bases de nuestra naciente patria. Por sus planteamientos sobre la vida del hombre, centrada en un futuro promisorio a través de la razón y la colaboración activa de todos, ahora se le considera “El precursor” del Estado mexicano moderno.

 

Quizá por su idea “bolivariana” de constituir una confederación general entre las Repúblicas Americanas, o por su idea temprana de combatir el latifundismo, Severo Maldonado fue perdiéndose en el tiempo y olvidado. Y fue tanto el olvido que poco o nada se le mencionó hace cinco años durante el festejo del Bicentenario de la Independencia de México. Esperemos que un día de estos, los historiadores locales hagan el honor.