#Redes

De la necesidad de explicar algo extraño para muchos, y para disminuir la brecha generacional entre viejos y jóvenes, con las redes sociales surgieron los Social Media Expert: gurús encargados de “administrar” cuentas de empresas, instituciones o asociaciones, que lo mismo prometen a políticos o ciudadanos agenciarse más amigos y seguidores, colocar su causa en trending topic o a punta de youtubazos convertir un video en mensaje viral. Y similar a lo que sucedió con los Ovnis o las profecías, nadie pidió un currículum o referencias para escuchar a los nuevos expertos.

 

Sé esto porque, sin llegar a proponérmelo, he llegado a ser considerado como un Social Media Expert, entre otras cosas, por ser el único en mi oficina que entendió a tiempo qué es un blog, un hashtag, un podcast, un muro, un tuit, el timeline, el newsletter, los widgets y las siglas RSS.

 

¿Pero qué hacíamos antes quienes ahora damos cursos sobre redes sociales o intentamos difundir información/causas/ofertas en internet? Si nos remontamos 17 años lo honesto sería decir que empacábamos mercancía en un supermercado. Pero, bueno, quizá no sea necesaria tanta sinceridad, cof, cof.

 

Para fines prácticos del tema mejor regresamos sólo 13 años en la línea de vida de las redes sociales: hace una década confiábamos nuestra sed de información al portal de Terra, discutíamos en “Foros” y nos debatíamos por entrar a una sala de Latinchat.

 

De sala en sala íbamos conociendo que ya era posible platicar con gente de otros países, edades y gustos para después darles un rostro en el chat de Messenger. Los movimientos sociales aún no tenían un “medio” y la única forma que teníamos para expresar nuestras ideas era a través de los blogs (bitácoras electrónicas).

 

El gran cambio vino hace unos seis años cuando desapareció el nickname (apodo) y dimos la bienvenida al avatar (foto, representación gráfica): el usuario de internet ya tenía rostro. De la nada podíamos crear cuentas en Hi5, Badoo y Metroflog. Con Facebook se acababa la de moda de compartir fotos con desconocidos de España, Argentina o Costa Rica y empezaba la novedad de etiquetarnos en el muro de nuestros amigos de la escuela, la oficina o el barrio.

 

Es entonces cuando surgen los Social Media Expert: los buenos, los malos y los ingenuos. En mi experiencia los malos son los que salieron de oficinas de marketing o relaciones públicas y publican y transmiten en las redes sociales la misma información que podemos encontrar en un panfleto o un menú. Estos acostumbran a confundir las diapositivas que presentan en sus cursos de redes sociales con las de Mercadotecnia I.

 

Por el otro lado están los ingenuos: en su mayoría los hijos jóvenes que “le saben” a la computadora y se convierten en voceros de la causa del padre o patrón que quiere incursionar en internet. A ellos los identificamos porque publican en sus sitios el comentario alusivo al tema del momento y son ajonjolí de todos los moles.

 

Yo he encontrado a los buenos en el uso cotidiano: son aquellos que se centran en la experiencia del usuario y le dan rostro a la empresa/institución/causa que administran. Como el mejor de los tenderos están cuando se les necesita.

 

Aunque hace varios años publico en un blog, y conozco algo de redes sociales, sin ser bueno ni malo y con algo de ingenio administro una cuenta oficial de Facebook y también modero los comentarios de la página principal de la misma institución. Eso me ha llevado a conocer mucho sobre comunicación y entre raro y absurdo me he dado cuenta de cómo se comunica la gente con los entes (empresas/instituciones) en las redes sociales.

 

Hay quienes después de leer TODOS los requisitos y modos de contacto para obtener algo, escriben: ¡Necesitamos que nos den más informes! En esos casos, por mera cortesía, es mejor repetir TODOS los datos antes mencionados. Y mando saludos.

 

Otros casos me causan más gracia. No falta quien lea la reseña de un evento y ¡mande saludos a la exposición (sic)! Nótese que no a los expositores. Lo que me recuerda un capítulo de Los Simpson en que la CIA interviene el correo de Homero y dicen: “La gente normal le escribe a los actores, pero este tipo le escribe a las películas: Querido Duro de Matar: ¡Me encantas! ¿Conoces a Mad Max?” A eso me refiero.

 

Nadie se ha preocupado en hacer un análisis de los que administran ese tipo de perfiles. Yo que lo hago en un medio de gente joven, me decepciono constantemente. Me gustaría saber lo que tiene que decir el que administra el Facebook de Pinol o el twitter de Felipe Calderón. No sé. Podríamos llegar a interesantes deducciones.