La injusticia de la justicia

Por J. Mario R. Fuentes (*)

jose.reyes@univa.mx

 

Perdí la memoria. No recuerdo el rostro de la justicia y sufro como muchos por su olvido y abandono. En este México lindo, ella ha quedado en algún cajón burocrático o en la memoria oxidada de algún jurista despistado.

No me cabe duda; desde hace mucho tiempo la justicia abandonó a los mexicanos. Mi maestro D. Daniel Cosío Villegas lo vio en repetidas ocasiones, previó vacíos éticos y cívicos en todos los escenarios de su época y a futuro. Don Daniel no se equivocó, el problema ha crecido demasiado.

La utopía de una nación con igualdad de oportunidades para existir quedó en eso, en una vulgar quimera. Nadie puede ser generoso en un país perverso; donde millones sufren al ver que sus hijos no tienen que llevarse a la boca; sin estudiar, sumidos en la violencia de pandillas interminables consumidoras de violencia sin sentido; terrorismo disfrazado de “buenas intenciones”. Nada fuera de la ley puede ser bien intencionado.

Sin justicia no existe el bienestar, la confianza y la paz. Los vacíos que provocan estas carencias llevan a negar proyectos de vida; a truncar esperanzas de vivir mejor y fuera de la angustia provocada por la incertidumbre de lo que sucederá el día siguiente.

La idea de nación se ha desvanecido. Se fue tal vez para siempre si es que no frenamos a los urgidos de crear desorden, cobrar sin trabajar como los miles de “profesores” bastante conocidos y a los que jamás se les ha enseñado a respetar a sus alumnos, a la escuela y a la patria. Esos seres humanos han demostrado ser inservibles ante los retos de este siglo. Se quedaron en el limbo.

Me parece interesante la expresión del maestro Octavio Paz: “Hay una manera muy simple de verificar si es realmente democrático un país o no lo es: son democráticas aquellas naciones donde todavía, cualesquiera que sean las injusticias y los abusos, los hombres pueden reunirse con libertad y expresar sin miedo su reprobación y su asco”.

No puedo dejar de pensar en lo importante que es el rescate de nuestros niños, muchos de ellos adictos al cigarrillo desde los nueve años de edad; a los adolescentes amantes de la violencia sin comprender el daño a la entraña de la familia y a la sociedad en su conjunto. Perder a un ser querido es atroz, causa un dolor irreparable verlo fallecido o secuestrado, es el peligro infame que despedaza por dentro a cualquier ser sensible.

La justicia está de asueto, vacaciona en algún lugar lejano de México. Habrá que conminarla a que regrese, que nos permita dejar los pañuelos con los que secamos el llanto que nos provoca tanto agravio a la vida, no podemos ver a nuestros hermanos sufrir y quedarnos inermes, no se puede vivir así; justicia regresa a ordenar la convivencia de los mexicanos, porque nos has olvidado.

 

(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país, 21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones y del Consejo Político Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.