OJO DE TIGRE 13/20

Me sentí devastada al leer aquellas líneas, pues en términos llanos y simples implicaban un fracaso rotundo y total de mi parte. Mi ánimo y autoestima se quebraron en diez mil pedazos. No lloré. Sospechaba que había ojos electrónicos registrando lo que hacía. Así es que me vestí, tomé lo que me pertenecía y enfilé hacia la salida. El mismo Chef que cocinó para nosotros me interceptó en la sala y con tono sarcástico dijo, […] ¿se despide la señora sin siquiera desayunar?; ¿tan malo soy en la cocina? […]. Igual que la noche anterior, nada dije, sólo lo miré a los ojos y me encogí de hombros. En el patio de la finca, un jardinero con tono muy amable me dijo que el patrón había dejado un vehículo con chofer para que me llevara […] hasta el fin del mundo si es preciso […]. Acepté el ride. Pedí al chofer que me llevara al Malecón. Ahí, frente al restaurante de Las Palomas me quedé muda viendo el mar por varias horas. Mi mente estaba vacía; sólo me acompañaba la tristeza que golpeaba mi pecho; tenía un nodo casi rayando en tumor doloroso que me revoloteaba en forma continua en la panza.

 

Cerca de la una de la tarde tomé un taxi para llegar al restaurante de Las Carmelitas. Nadie me siguió. Debía aprovechar un tiempo muy valioso para establecer contacto con mi base; estaba segura que sería rastreada por los hombres de la Plaza de Vallarta. Por eso convencí al mesero que me regalara su celular con la promesa de que de alguna forma compensaría el favor si me guardaba el secreto. Él accedió pasándome un cacahuate que usaba para comunicarse con sus novias. Pude comprarle aquél teléfono pero no lo hice; imaginé que todas mis acciones serían anticipadas y que de inmediato rastrearían el número que usara.

 

Mandé un msg a un número confidencial; diez segundos después tenía una respuesta con un número de cuatro dígitos y el texto Oficina de Correos. Extraje el Chip del teléfono, lo escondí dentro de mí y tiré el aparato a la barranca. Habían transcurrido apenas unos diez minutos desde que llegué cuando arribó una camioneta del año, con una pareja y chofer; la joven mujer de inmediato se dirigió hacia mi y dijo, […] oye, se descargó mi celular y necesito hacer una llamada urgente; ¿me puedes prestar el tuyo? […]. No tengo celular; ¿porqué no usas el de tu novio? Es que, salimos de prisa y lo dejó en otro vehículo; gracias, se lo pediré a tu mesero. Pensé, ¡pinche zorra pendeja, vulgar y corriente!; ¿acaso me cree estúpida?

 

Al sincero lector

La vida de Ámbar, azarosa, trágica, siempre en el delgado hilo que separa la vida de la muerte, Vallartense protagonista de esta historia, culminó, creo, de manera trágica. Quien esto escribe tuvo oportunidad de platicar con ella y recabar al menos 35 historias orales, entre febrero de 2008 y diciembre de 2009. Los últimos contactos con ella fueron por internet en diciembre de 2009. En efecto, la misión fue considerada un fracaso en su corporación a pesar de las numerosas evidencias que permitieron elaborar perfil genético, retrato hablado y caligrafía forense del principal objetivo. La corporación encomendó una nueva misión a Ámbar, esta vez para ser la cola del cometa. Ella tampoco tuvo éxito en esa misión. En una conversación breve con su objetivo utilizando el teléfono satelital que él le proporcionó, fue citada en Cancún, Quintana Roo. Ahí fue interceptada antes de ver al Patrón por la banda criminal.

 

Era obvio que había sido denunciada desde el interior de la propia corporación. Ámbar fue vendida por la banda objetivo a otra banda local tratante de blancas; empero, nunca fue obligada a ejercer el oficio de la prostitución. De Cancún fue trasladada con otras seis mujeres de un perfil físico parecido al de ella, al Distrito Federal; de ahí la llevaron a Ciudad Juárez, Chihuahua. El último registro que tengo de ella procedía de Guadalajara, Jalisco. Quien esto escribe fue contactado por correo electrónico por los secuestradores en el mes de diciembre de 2009 –al momento de la captura ella había dejado en su celular una conversación abierta de msg conmigo–. Conversé con Ámbar un par de veces por teléfono en ese lapso de cautiverio; en la primera llamada me pidió abrir una cuenta bancaria a su nombre y depositar $ 50,000.0 pesos; esa fue el monto del rescate que ella logró negociar para sí y para cada una de las prisioneras. En la segunda llamada le di el número de cuenta y Banco. El dinero fue retirado.

 

Ámbar regresó maltrecha, convertida en una piltrafa humana, a la Tierra que tanto amó, El Puerto de Vallarta de la formidable Bahía de Banderas, un 22 de diciembre de 2009. Me buscó. Conversamos. Yo tenía muchas preguntas pero ella me pidió que sólo la escuchara. Así lo hice; de esta forma me narró la historia que usted acaba de leer, comenzando en Ojo de Tigre 8. Me dio la llave de un apartado postal en donde había dejado un sobre rotulado a mi nombre, con […] un poco más de dinero que lo que me prestaste […]. Al despedirse, me dijo que migraría a Guadalupe Ocotán, Nayarit, para estar un tiempo con un amigo Huichol; sus últimas palabras de aquella tarde conmigo fueron, […] cuando mi cuerpo, mente y espíritu restauren su condición original haré algo que no debes saber; cuídate, mi último pensamiento en mi transitar por esta Tierra generosa será para ti […]. Hoy, siento que ella ya se integró al eterno ciclo de los nutrientes.

 

Mensaje

Te extraño Ámbar. Regresa a esta tu casa para que tu espíritu tenga paz y harmonía con los colores del cielo, mar y montañas Vallartenses; regresa para que vuelvas a ver los rayos verdes que pintan las guacamayas sobre los acantilados del río Cuale al desplazarse con gracia entre las copas amarillas y moradas de las primaveras y amapas; para que percibas la fragancia de las flores de mayo y el olor a tierra mojada que dejan las primeras tormentas de junio; para que protestes por el tañer de las campanas de templo de Guadalupe convocando al rosario de ocho; o tan sólo para que yo pueda volver a ver, cómo el tono de tus ojos cambia cuando el pincel de los rayos del sol, nomás porque le da su chingada gana, tiñe tu iris de color azul, copiando la mar que tienes frente a ti.