Cultura de turismo y turismo de cultura

Por Nacho Cadena

 

Me dicen los que saben, que los países y las ciudades que reciben muchos turistas, que viven de recibir turistas, que la riqueza compartida es la que se genera de la industria de la hospitalidad, desarrollar lo que comúnmente se ha dado en llamar “Cultura Turística”, que en el fondo es solo la actitud de una población frente al movimiento de visitantes que por alguna razón han seleccionado ese destino en particular para disfrutar de un periodo de vacaciones.

La cultura turística es el nivel compartido de forma de ser y de ver el turismo y al turista, por parte de todos los servidores, los ofertantes y los ejecutantes de las diversas labores que dan satisfacción a los vacacionistas.

Le pregunté alguna vez a mi maestro de filosofía el Dr. Mayer, Kurt Mayer, Húngaro de nacionalidad, exiliado en México cuando los tanques rusos devastaron los hermosos poblados de Hungría, por allá a principios de la década de los 60’s, “Cultura, me dijo, en términos muy accesibles, es aquello que te queda en la memoria, el entendimiento, la razón y la voluntad, después de todo lo que has leído, preguntado, investigado, experimentado, viajado… es el sedimento cognoscitivo que te queda después de hacer una vida intelectualmente activa”.

En la cultura turística es lo mismo, son las tradiciones, las prácticas, las enseñanzas recibidas, la capacitación, etc. que van dejando a los pobladores de las ciudades turísticas en su forma de ver, actuar, comportarse en relación a quienes son el mercado de estos destinos.

Cuando esta actitud es rica, esta misma va buscando no solo quedarse en pensamiento sino en la creación positiva de una infraestructura que avale y favorezca un feliz desempeño en la prestación de servicios turísticos.

Entre más rica y positiva sea la cultura turística, mejor será la estructura en infraestructura de servicios y obligado, mayor será el nivel de satisfacción de los visitantes.

Leí en una guía de viajes, de esas que venden en las librerías, que en ciudades como Barcelona y París, esta última por cierto la más visitada del planeta, la cultura turística ha generado una infraestructura que conduce eficientemente todo lo necesario para satisfacer al cliente. El aeropuerto está hecho para servir no para exprimir, la movilidad, la oferta de productos turísticos como bares, restaurantes, teatros, museos, los servicios correlativos como manejo de basura, información, señalamiento, conducción… el manejo pues del flujo de turistas está muy bien implementado, obvio existe sobre todo una política turística. Me decía uno que ha vivido esta visión en las ciudades turísticas, que pidió al concierge del hotel donde se hospedaba que necesitaba ir al aeropuerto y la respuesta fue: “hay diversas maneras: por 1.50 euros se va en el metro, llega muy rápido pero hay que arrastrar las maletas; por 8.50 euros en un camión que va cada 15 minutos desde la Opera hasta el aeropuerto dejando pasaje en cada terminal y cada sala; por 28 euros en un taxi compartido con otros viajeros, lo deja en la puerta y por 50 euros en taxi particular tipo limousine, servicio exclusivo. ¿Cuál desea?

Esto es la infraestructura que se genera cuando la cultura turística llega a un nivel de categoría.

 

EN VALLARTA

 

En este sentido, la cultura turística se manifiesta principalmente por una actitud amable, calida, amistosa, simpática hacia el turista, al grado de haber obtenido el título de “la ciudad más amigable”. Cierto, el vallartense es atento, servicial, amigable, le gusta atender a los visitantes y es consciente del beneficio económico que ellos representan para la comunidad. Aquí se disfruta ser prestador de servicio.

Ahora, esto no ha sido suficiente. Al no haber una política turística que norme la actividad en el municipio y en la región, el desempeño individual o de grupo de los turisteros es disperso y cada quien lo interpreta a conveniencia, o en el mejor de los casos, a su buen saber y entender.

Con una visión estrecha, sin darnos cuenta que abrir la oferta de servicios ampliaría los mercados, todavía tenemos conflictos entre taxistas y autobuses especializados, los pleitos por no tener camioncitos especiales para tours, los monopolios en el aeropuerto, en la terminal marítima, en el centro de la ciudad y perduren vicios tan nocivos como “el malecón es un bar abierto”, la falta de control de ruidos, los ecocidios permanente en las diversas aéreas de la ciudad, el conflicto de camioneros, la pésima calidad del transporte público y la ausencia de ofertas alternas para atraer turistas.

Esa conciencia turística le falta trascender en la creación de una infraestructura que haga de Vallarta no solo la ciudad más amigable sino también la ciudad turística más eficiente, la mejor operada y con servicios que la hagan única y diferente.

 

PARA EL NUEVO PRESIDENTE

 

Ahí les dejo esta pequeña reflexión: ¿Por qué no considerarla dentro de los nuevos planes de trabajo? ¿Al menos por qué no discutirla en estos seis meses de planeación que tendrá el equipo ganador al puesto del Ayuntamiento?

Nos faltaría hablar de un tema muy importante, con categoría de asignatura pendiente, del turismo de cultura un filón de grandes posibilidades para la promoción de visitantes, pero sobre todo una actividad para gozo individual y colectivo de los propios vallartenses.

 

FRASE:

“Con una visión estrecha, sin darnos cuenta que abrir la oferta de servicios ampliaría los mercados, todavía tenemos conflictos entre taxistas y autobuses especializados, los pleitos por no tener camioncitos especiales para tours, los monopolios en el aeropuerto, en la terminal marítima, en el centro de la ciudad y perduren vicios tan nocivos como ‘el malecón es un bar abierto, la falta de control de ruidos, los ecocidios permanente en las diversas aéreas de la ciudad, el conflicto de camioneros, la pésima calidad del transporte público y la ausencia de ofertas alternas para atraer turistas”