Pocilgas emocionales

Eran como las diez de la noche de un fin de semana, los gritos de Luz y Germán se escuchaban hasta el cuarto contiguo de sus tres hijos, y los vecinos no pasaron inadvertido otro pleito más.

 

Llevaban dieciocho años de casados y siempre era el mismo problema: pleitos, discusiones que a veces no tenían ningún fundamento. La situación se agravó cuando Luz decidió hacer ahora ella sus maletas y marcharse de la casa, ya en otras ocasiones Germán era el que abandonaba el hogar y siempre regresaba. Sin embargo, el ciclo de violencia se seguía repitiendo.

 

  • “Sólo me llevo a Rebequita ella es igual de cabrona a mí, no es dejada y tiene el mismo carácter que yo, ahí te dejo a Blanca y Luis, ellos se parecen a ti.” Dijo Luz con los ojos desorbitados de coraje.

 

Los niños de rodillas, llorando en su recamara pidiéndole a Dios que los ayudara para que su mamá no se fuera y los separara, y dejara a su padre solo.

 

Luz logró su objetivo, entró al cuarto de la pequeña Rebequita y jalando su brazo la retiró de la habitación, Luz gritaba y maldecía, pareciera que se encontraba poseída por el demonio de la división.

 

Cuando Luz cerró la puerta de su casa para nunca más volver, ¡según ella!

 

German y sus dos hijitos se abrazaron y lloraron desesperadamente.

Luz llega a la casa de su padre dándole la queja y pretende quedarse a vivir con él, un Señor viudo y vuelto a casar, sin que a Luz le simpatizara la mujer de su padre.

 

Pasaron algunas semanas y Luz reflexionó, regresó a su casa y siguen viviendo como antes en espera de otro conflicto, porque tal parece que ya se volvió costumbre.

 

La familia es básica en el contexto social de la humanidad, necesaria para la salud mental de las nuevas generaciones. La actitud de los padres es el factor clave de salud o enfermedad mental en sus hijos.

 

Si en un hogar el padre y la madre viven discutiendo y riñendo en presencia de sus hijos, éstos corren el peligro de enfermarse emocionalmente, ya que los padres, sus maestros, les están enseñando cómo se vive el matrimonio, y dará como resultado unos hijos agresivos, conflictivos y descorteses con sus progenitores y comunidad en general.

 

El Dr. Sergio V. Collins asegura que nuestros hijos viven en pocilgas emocionales, dado el trato que reciben de sus padres.

 

No es posible que sea más importante mi yo exaltado, mis necesidades de hembra y macho, peleando por el terreno del ego, que los sentimientos de una madre amorosa y un padre que se conducen con ecuanimidad, por el bienestar de sus hijos.

 

El amor y la unidad de la pareja son factores que intervienen directamente para que la familia viva en armonía, en una atmosfera llena de sentimientos positivos.

Que no le extrañe a Luz, cuando su hija Rebequita crezca, llevarse la etiqueta de mujer cabrona a su hogar, se repetirá la misma historia y será un cuento de nunca acabar.

 

Recuerda: Educa a un niño y formarás un hombre, educa a una niña y edificaras un hogar.

 

Livier Nazareth. Psic./Tanatóloga, Especialista en Crisis Familiar y de Pareja, Terapia por la pérdida de un ser querido. Citas 22 5 82 63. Cel: 322 151 04 96

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