María Ascensión Ávalos Haro (26/01/1916 – 14/06/2015)

01El Gentil Expatriado

ictiosapiens.vallartensis@hotmail.com

 

Tuve el privilegio de conversar en febrero de 2008, marzo de 2011 y enero de 2015 con María Ascensión Ávalos Haro, Chonita. En aquellos momentos me narró partes importantes de su vida, sensaciones que experimentó, puntos de quiebre y peripecias que la trajeron desde el pasado distante hasta la época contemporánea.

 

De complexión menuda, tez clara, mirada inquieta, hablar pausado, ella entrecierra los ojos primero, luego me mira inquisitiva tal cual lo haría con uno de sus pupilos para responder una pregunta; de manera clara, con seguridad, convencida, me dice […] ¡no, no soy Pata Salada! […]. Mira, ese mote lo tenían los hombres de mar, marineros rudos que vivían días y semanas en embarcaciones muy precarias haciendo su trabajo lejos de tierra firme; a causa de estar expuestos incontables momentos al agua de mar, se sedimentaban en sus pies desnudos, costras de sal cuando el agua se evaporaba. Soy vallartense adoptiva. Me establecí aquí en 1930 pero mi familia fu itinerante. Vivimos en 1919 en Jalisco, Nayarit; en Tuxpan, Jalisco en 1929; en Hermosillo, Sonora en 1923; en Tepic, Nayarit y Guadalajara, Jalisco, en 1925; en Bella Vista, Santa Ana Acatlán, Jalisco en 1927; y de nuevo en Guadalajara de 1928 a 1930.

 

[…] ¡Tampoco fue así!; no escogí la vocación del magisterio; fue la profesión quien me escogió a mí […]. Cuando terminé la educación primaria mi papá, Francisco Ávalos Tovar, decidió traernos a Isabel y a mí a Las Peñas; en Guadalajara, él se despidió de un amigo político muy importante, […] estas niñas acaban de terminar la educación primaria; de regalo las llevo a Las Peñas para que conozcan el mar; al regreso, me quedaré en Mascota a Morir […]. ¡Las Peñas! Me has dado una gran idea; ¿Sabes?; ya no aguanto a esos de Las Peñas, a diario insisten que necesitan un maestro. Así es que no les mandaré uno, sino a dos maestras. ¡Tus hijas serán las maestras de Las Peñas! Montadas en dos mulas de una recua que llevaba entre otros enceres el correo, llegamos acá en 1930, cuando tenía 14 añitos de edad; desde entonces aquí he vivido. En mi viaje, por el camino, lloré mucho porqué mi mamá no vino con nosotros.

 

Aquí Chonita hace una pausa; sus ojos están vidriosos; la garganta es ahora un nudo ciego; la hermana María Luisa pregunta, ¿estás chillando?; ¡no chilles!; ¿para qué chillas? […] es que, me da sentimiento; aaaaah bueno, entonces vamos chillando las dos […].

 

¿Sabe señor? Estoy convencida de que todos los seres humanos tenemos una misión en esta vida; formamos parte de un mapa celestial; aun aquellos que parecen insignificantes desde el punto de vista social somos una pieza diminuta de una gran mecanismo; mi tarea en el transitar por el mundo fue la educación; descubrí ese cometido de una forma muy peculiar; al saberlo decidí llevarlo con integridad de principio a fin. No fui casada, eso sí, algo cortejada, pero decidí predicar con el ejemplo y dedicarme en cuerpo y alma a la enseñanza.

 

Testigo de la historia y evolución de Vallarta

Así, de esta forma por demás peculiar, María Ascensión Ávalos Haro, Chonita, fue adoptada por uno de los lugares más hermosos del mundo para dedicarse por entero a una de las labores más humanistas. En su andar por esta Tierra, vio pasar por las aulas a muchachos que maduraron en hombres, padres, abuelos y bisabuelos. Atestiguó además la fastuosa y por demás acelerada evolución cultural del hoy Puerto de Vallarta; llegó a Vallarta cuando Vallarta aún no era Vallarta; anduvo caminos apenas presentes en la mente de los arrieros; presenció el cambio de las estufas de leña a petróleo, a gas, hasta llegar al microondas; el reemplazo de la música en vivo por trovadores espontáneos por sinfonolas a base de baterías de carro, éstas por tocadiscos, a la vez por casetes, en turno por discos compactos, los que dieron paso al USB; miró cómo la escritura con tinta y canutero fue reemplazada por modernas máquinas de escribir marca Smith-Corona y éstas por ordenadores personales, a la vez sustituidas por el iPod.

 

Presenció el cambio de los xolotones empleados por las bañistas en el mar a trajes de baño de una pieza, a bikinis y a monokinis; el reemplazo del transporte en burros y mulas por trocas, camionetas, camiones y autobuses con aire acondicionado; la evolución de barcos cargueros a trasatlánticos y de las avionetas a los aviones DC10. Y, entre muchos otros reemplazos culturales, pudo dar cuenta de la transformación de un pueblo pacífico –lunar de techos rojos inmersos entre dos franjas de azul y verde–, a otro de actividad permanente las 24 horas del día, todos los días del año, habitado por tropeles de gentes extrañas venidas desde rincones extraños de México y el mundo.

 

Mensaje

 

[…] Chonita, si allá en donde hoy estás también te bates en gis todos los días; si también enseñas letras y normas de urbanidad a los recíprocos de Alejandro Meza, Carlos Munguía, Nacho y Lico Zaragoza, Carlos Robles, Aurelio Alcaraz, Abelardo Robles, Andrés Famanía, José Baumgarten, Prisciliano Zaragoza, Laurencio Nolasco, Pablo López Joya, Miguel Nungaray, Rodolfo Pulido, Armando Guerra, Leopoldo Macedo, Armando Rodríguez, Samuel Sánchez, Jorge Cortés, Nacho Cortés, Luis Gutiérrez, Luis González, El Praderas, Marcos Joya, Romualdo Gutiérrez, El Cholín, Alfonso Uribe, Arturo Gómez, Carlos Morett, Felipe Palacios, Memín Mantecón, Octavio González, Ernesto Gómez Bernal, Rodolfo Gómez Bernal, Emilio Uribe Ortiz, El Catrín, El Jirafa, El Chaflán, Javier González Chisbus, Chuy y Chema Ibarría, Vinicio Gómez, Humberto Famanía, Pancho Camacho; Ezequiel Covarrubias, Pancho Avalos, Juan y Rogelio Moll, Mario Dávalos, Victoriano Cuevas, Humberto Inda, Javier Quintero, Arturo Mora, Rodrigo Lepe, Ricardo y Jaime Jiménez, Mili Gómez Bernal, Salomón Sahagún, Chema el Guayabo, Chingalin, El Fisgo, Juan y Arturo Peña, Alfonso Curiel, Luis Batista, Luis Alberto Michel, Lalo Güereña, Marcos Spiller, Wenceslao Pinzón, El Kiri Macedo, Pepe Michel, El Panfas, Fede Covarrubias, Pepe Camacho, Jorge Navarro Funes, Polo Gómez, Fernando Dávalos, Memo el Picudo, Rodrigo Lepe, Ernesto y el Gordo Covarrubias, Fito Curiel, Augusto Solís, Fernando y Jaime Solórzano; y, desde luego a tu única alumna Berenice Orozco de Ibarría. Si allá también participas en la estudiantina, […].

 

[…] si allá haces todos eso y más, o te dedicas a otras actividades que desconocemos, propias de espíritus puros, queremos decirte que acá en Vallarta tendrás, mientras existan hombres y mujeres que creen que la educación es instrumento de bienestar social, un lugar privilegiado por ser hija adoptiva legítima de esta Tierra de Dios y de María Santísima; que debes ser Pata Salada Honoris Causa y figura emblemática cuando se inaugure la Rotonda de Vallartenses Ilustres; que cada teja de los techos antiguos, cada mata del paseo de Las Amapas, cada morro en El Puerto de Vallarta, cada ladrillo de la 20 de Noviembre, cada alarido de los nuevos estudiantes de las aulas de las escuelas Vallartenses y cada gota de brisa que llegue al El Malecón, apenas será abono a lo mucho que te deben los Vallartenses de bien que se formaron bajo tu égida; que estaremos en deuda permanente contigo y que con el único tipo de cambio con que podemos pagarte, será con el reconocimiento de tu incansable labor educativa y perenne gratitud aun de quienes no fuimos tus alumnos […].