OJO DE TIGRE 18/20

Mi hijo desde edad temprana tuvo la capacidad de percibir realidades distintas a las que yo estoy acostumbrada. Con relativa facilidad y al margen de su voluntad, entraba en un estado parecido al sueño; así podía apreciar lugares distantes en los que no había estado nunca; podía no solamente ver lo que ocurría en esos instantes, sino que veía escenas de eventos futuros. Miraba además las intenciones de las personas, ocultas y canceladas ante los ojos de los demás; sabía el gradiente desde la bondad hasta la maldad extrema que una persona cualquiera era capaz de desplegar. Cuando así ocurría, a él le daba miedo, mucho miedo; era víctima de un pánico irracional que lo llevaba al borde de la muerte. Cuando consulté con un amigo que conoce de estas características, me dijo […] Ámbar, has sido bendecida por Dios, tienes en tu casa al equivalente de un ángel celestial; debes tratarlo con paciencia, ternura y amor incondicional; es tu misión ayudarlo a canalizar ese don, esa energía para que pueda utilizarla a voluntad para bien de quienes estén cerca de él […].

 

Ya preparada para esas manifestaciones físico-fisiológicas-psicológicas, fui guía y mentora de mi niño en etapas tempranas del desarrollo de sus facultades mentales. No puedo atribuirme el logro del control total de ese don, pues tal cual rezan varios dichos mexicanos, una no puede defender lo que es indefendible, no puede sacar agua de una piedra, ni pedirle manzanas a los nopales; él tiene lo suyo, capacidad propia; solamente hice una mínima parte para que él encontrara la ruta correcta y la forma de usar de manera idónea la clase de don del que es portador desde antes de nacer.

 

Muchas y muy variadas han sido las visiones que mi hijo ha experimentado; narraré para usted una que me parece notable, tal cual fui testigo de que así sucediera. En una ocasión, a la edad de siete años, me pidió que lo llevara por tierra a la playa de Chimo, en el municipio de Cabo Corrientes, playa que en otros tiempos habíamos visitado llegando en un taxi acuático. Nos desplazamos en una combi algo destartalada que acondicioné para acampar. Al llegar al poblado de El Refugio de Xilosuchitlán, en la parte más alta de la montaña entre El Tuito y Chimo, decidimos parar unos momentos a preguntar por la ruta para llegar a nuestro destino. La escena que observé me pareció algo típico de un lugar apartado del bullicio citadino; eran cerca de las seis de la tarde; el clima era agradable; diversas personas habían sacado sillas fuera de su casa y mientras conversaban bajo un cielo raso, nos miraban con cierta curiosidad.

 

Después de preguntar, me aproximé a una tienda a comprar una botella de agua. Al entrar, mi hijo me tomó de la mano con fuerza y comenzó a temblar y a sudar copiosamente; no compré el agua, salí del lugar y me senté con él en una banca de madera esperando que se controlara su estado convulsivo. Pasaron unos cinco minutos y la tensión fisiológica comenzó a ceder. La mujer que atendía el changarro salió curiosa y preguntó, ¿es usted doctora?, sabe, tenemos un enfermo que no se cura con nada, ¿puede ayudarnos? Mi hijo dijo a la mujer, […] su esposo ya cumplió el tiempo de estancia en esta Tierra; pero no puede retirarse porque tiene con usted y con la hija de en medio, una deuda que quiere saldar; necesita tener perdón de ambas; aunque él no puede hablar, sí puede escucharlas; así es que, sería prudente que ambas se acercaran, juntas o separadas, para hacerle saber que el secreto que agobia a los tres, está perdonado […]. Al escuchar, la mujer rompió en llanto y por buen rato no podía controlarse. Luego, entre sollozos abrazó a mi niño diciendo, […] gracias hijo, es cierto lo que me dices; voy a seguir tu consejo al pie de la letra […]. Seguimos nuestro camino hasta Chimo en donde pasamos una semana formidable. A nuestro regreso, paramos en la misma casa de la historia anterior a saludar; la mujer nos ofreció de comer; al despedirnos nos dijo una frase muy significativa […] mi esposo ya está con Dios, quedamos en paz […].

 

Al sincero lector:

¿Qué piensa de esta historia? Escríbame si lo cree conveniente.