El agravio no se olvidará

Por J. Mario R. Fuentes (*)

jose.reyes@univa.mx

 

El poder envicia, lacera y descubre cuando se padece el síndrome de Hubris. Lo más lamentable es cuando las personas a las que aprecias y confías en ellas te dan la espalda, eso lastima y desengaña.

Nada duele más que ver empoderado a un ser humano mediocre y medroso al que se le conoció y conoce en demasía. Ahora en su zona de confort mueve sus miserables pensamientos para generar tristezas en los que una vez vieron en él a seres humanos nobles y sensibles.

Han de sufrir mucho. Considero que parten de conocer todo, resuelven a medias y engañan con el discurso trillado. Crean zozobra en los ciudadanos, los manipulan con promesas jamás cumplidas y después los despiden. Me pregunto y a usted que me sigue cada semana; qué se sentirá verse desplazado de un proyecto al cual se le dedicó tiempo, dinero y apostó todo. Habría que preguntarle a los más de 300 despedidos.

Entrevisté, en las afueras de la Presidencia Municipal a varios desplazados, la respuesta a mi pregunta siempre fue la misma: “trabajamos para atraer el voto en favor del partido triunfador y mire el pago, quedarnos sin trabajo”. Me bastó ver el rostro descompuesto, devastado de los que, aparte de ser despedidos tienen que recoger firmas de la dependencia en la que laboraron y el aval del que fue su jefe directo quien sella el documento en el cual se asienta que nada se lleva el infortunado.

Se entiende, los contratos fueron eventuales en todos los casos. Pero lo curioso es que no se siguió la normatividad, avisarles con tiempo siempre y cuando estuvieran en funciones; pagarles todos los días trabajados, prima vacacional, aguinaldo y antigüedad si se diera el caso, pues no lo nefasto fue realizar todo lo contrario.

Nombres, para que, el daño está hecho, los hogares se quedaron sin sustento, claro momentáneo no permanente; esto desatará inconformidades y resentimientos, ya no se podrá creer en la palabra de la autoridad, hicieron lo mismo que antaño solamente que primero se aprovecharon de los ahora cesantes. Baste decir, jugaron en contra de los que les ayudaron a mantenerse en el poder, duele admitirlo.

Las personas que se me acercaron para preguntarme porque no trataba este tema tan lamentable en esta columna, les dije esperen son solamente reajustes tradicionales; pasó el tiempo y continuaron empecinados en dejar las nóminas al mínimo sin importarles el daño causado, ante esto expreso mi opinión y esta es: padecen el síndrome de Hubris además del desorden de su conciencia, claro si la tienen.

Cuando solicitas explicación ves cómo se les transforma el rostro, se vuelven impulsivos, incongruentes, orgullosos y temerarios, se sienten invencibles sin darse cuenta que esto pasa aunque el rencor de los ciudadanos ¡no! Las familias desprotegidas, la crisis económica con sus fauces feroces, el golpe sin aviso previo, los amigos que se sumen y olvidan favores.

Una verdad ineludible, no se cumplirá con la seguridad necesaria, los servicios si eran pésimos ahora no serán más que reflejo de la indolencia de la autoridad frívola. Recuerden señoras y señores funcionarios municipales, no es solamente el trabajador despedido, es su familia, los amigos y las personas que vemos en el acto una injusticia, recuerden esto como es: un agravio y no como un asunto normativo; lo siento pero debo recordarles, olvidaron al ser humano que los llevó al poder y mantiene en él. No olviden la famosa leyenda de Ícaro, él intentó imitar al pájaro y volar, desafortunadamente pereció, historia antigua y ejemplar para decirles a los incrédulos; arrieros somos y en el camino nos encontraremos. No lo olviden.

 

(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país, 21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República, se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones y del Consejo Político Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.