OJO DE TIGRE 20/20

Anoche soñé contigo. Te vi nadar en las quietas aguas de la Playa de Corral del Faro, allá por Cabo Corrientes, bajo la fría claridad de una luna llena. Te vi vestida, toda tú, sólo con la piel morena que tejió con paciencia inaudita durante nueve meses tu santa madre. Te vi envuelta por millones de bacterias bioluminiscentes de Lingulodinium polyedrum que destacaban para mi, cada intersticio de tu magnífico cuerpo. Te vi jugando con el coral negro retorcido de tus cabellos que al sacudirlos en remolino salpicaban mi rostro. Te vi que con pudor cubrías tus pechos y pubis cuando una embarcación rasgó la quietud de la noche en la cercanía en donde estabas. Te vi correr en la playa en sentido opuesto hacia donde estaba el fruto de tus entrañas, un bebé iluminado de forma tenue con una aura color índigo alrededor de sí. Te vi caer sobre la arena, golpeada por una bala. Te vi rodar hacia el mar y teñir de color rojo escarlata el agua iluminada de azul.

 

Noté que la estrategia de intentar desorientar a tus atacantes no sirvió de mucho; sin mayor esfuerzo localizaron a tu hijo y lo llevaron con ellos. Noté que de forma parecida a su llegada, así partieron hacia lo desconocido, perdiéndose en muy poco tiempo en la distancia. Con una opresión en mi corazón y un caudal de lágrimas brotando de mis ojos, en aquél sueño, me acerqué a ti. Te vi flotando en aguas someras de aquella Bahía, mecida con suavidad por las olas, cuasi de la misma forma en la que una madre oscila en sus brazos con ternura a un hijo después de haberlo amamantado.

 

Me dijiste, mirando hacia un cielo raso, limpio, cubierto de millones de estrellas, […] somos el centro del universo, polvo animado que vino desde estrellas distantes; ¿acaso no ves ahora que millones de luces diminutas forman a mi derredor una imagen de espejo con la bóveda del cielo? No voy a morir, no aquí, no ahora, si y sólo si, me llevas contigo en tu mente y corazón. No me muevas. Déjame así unos instantes. Sólo flota conmigo a mi lado para que juntos apreciemos este escenario formidable de belleza, serenidad y majestad infinitas que esta noche así fue creado para mí […]. Antes de flotar junto a ti, miré durante algunos instantes la por demás magnífica escultura de tu cuerpo, los rizos de tu larga cabellera negra que cual medusa se entretejía con la bioluminiscencia de la mar; tu dedo índice tapaba el boquete que una bala había horadado arriba de la ingle izquierda; pasé con suavidad mis manos por tu espalda y tu pecho y sentí un calor tibio que se desvanecía al unísono de los latidos de tu corazón.

 

Desperté de aquel sueño aun con la sensación tibia de tu cuerpo, aun con angustia, dolor y llanto. Es sólo un sueño, me dije. Más extraño fue, que al dormir de nuevo, esa misma noche vi en otro sueño a tu hijo en brazos de una enfermera que caminaba rumbo a un helicóptero. Tu bebé estaba sereno, quieto, apenas manoteaba un poco; en mi sueño me acerqué a él, descubrí el rostro removiendo los cabellos; él, al verme, tocando con su dedo índice mi nariz balbuceó, […] ¡tío pescado! […].

 

Mensaje

Ámbar, amiga entrañable de mi alma, si estas visiones son ciertas; si has iniciado la ruta del eterno ciclo de los nutrientes; si ya eres polvo inanimado de las estrellas; si tu espíritu ha salido de tu ser y hoy pulula en una dimensión paralela a la vida, deseo reiterarte que vivirás por siempre en mi mente y corazón, tal cual lo pronunciaste en aquél sueño. Sólo te pido que de alguna forma propicies que conserve un nexo con tu hijo para que yo vea en él, el recíproco tuyo hecho hombre, uno que lleva tus genes, los rizos negros de tus cabellos y tu ojo de tigre grabado e impreso en el iris.

 

Al sincero lector

Espero, igual que en otros momentos, sus notas y comentarios a mi dirección electrónica.