¿Hasta cuándo?

Las noticias económicas se ensañan con nuestro país y la población, esa que aguanta hasta que no se quiebre, continúa con el diario devenir en donde los sueldos no alcanzan para lo mínimo, donde los integrantes de las familias se unen codo a codo para lograr la sobrevivencia, que en algunos casos roza la inanición.

 

De nada han valido las profundas reformas constitucionales que nos prometían mayor riqueza y generación de empleos: Pemex, y la CFE, flaquean agonizantes y los supuestos inversores que llegarían a rescatar al país, aún no llegan; es claro que los problemas internacionales han incidido gravemente en nuestra economía, pero también es cierto que ha habido demasiado desacierto en la toma de decisiones, en todas direcciones.

 

Cuando observamos el panorama nacional del actual Régimen, ofrece un aspecto desolador: la delincuencia no se ha logrado abatir ni disminuir; la violación a los derechos civiles se ha acrecentado, al haber encarcelado a líderes de grupos de autodefensa que se levantaron ante la inmovilidad y contubernio de las fuerzas del orden con los grupos criminales, las autoridades han procedido a aprehenderlos, argumentando cualquier causa, entre las más trilladas, las de portación de armas de uso exclusivo del grupo militar y policial, sin embargo, los grupos delincuenciales continúan, y ellos usan armamento de mayor calibre que el de las fuerzas armadas; de nada han servido las medidas adoptadas de todo tipo, la impunidad y el crimen continúan ejerciendo y dominando en contra del estado de derecho, habiéndose sumado las fuerzas militares y policiales, léase Ayotzinapa, y otros tantos hechos que cada fin de semana nos sorprenden.

 

En el terreno económico, las declaraciones pomposas y triunfalistas de inicio de cada período, siempre han sido rectificadas a la baja; el intercambio con el dólar continúa lacerando la existencia de la población; los datos económicos son escabrosos, la captación fiscal a los grandes capitales, continúa en la misma senda de concesiones, sin embargo, el ciudadano que busca su alternativa ocupacional por medio de la venta de productos para allegarse ingresos a su familia, han constituido el foco de la actual reforma fiscal, de donde el fisco pretende solucionar el crónico problema de captación, con pleno conocimiento de a quiénes no se debe tocar, priorizando el volumen de captación del sector con menores ingresos.

 

Hasta cuándo vamos a continuar con las ineptitudes de nuestros políticos, que ofrecen soluciones mágicas en el papel, y en la práctica han mostrado su incapacidad para resolver los problemas tanto financieros, políticos, de seguridad en un país gobernado por un individuo que es el Presidente, y que todo depende de él, aunque sus Secretarios de Estado no respondan a la necesidad de las circunstancias que nos agobian, y que él continúa alegremente realizando viajes al extranjero, con su consorte y nutrido grupo de amigos y colaboradores, sin que se ocupe de hacer los urgentes ajustes que requiere su gabinete.