Violencia en México: Raíces y Consecuencias 2/5

El coeficiente de Gini, diseñado por Corrado Gini, es un instrumento estadístico para medir desigualdad social en una comunidad humana,. El análisis de un grupo humano a través del coeficiente de Gini arrojaría un valor entre 0 y 1; el 0 refleja una distribución equitativa de ingresos y por ende, de recursos de subsistencia y bienestar; en tanto que el valor se aleje del 0, estaremos en diversos grados de desigualdad hasta llegar a la inequidad absoluta cuando se alcanza el valor de 1.

 

De acuerdo a datos del Banco Mundial, en 2012, México tuvo un coeficiente de desigualdad de 0.48 –cerca del 50 % de los mexicanos viviendo en desigualdad–; y un porcentaje de pobreza del 21.4 % de una población de 118.4 millones de personas. En 2015 el salario mínimo es de $68.28 a $70.10. Estas cifras indican que tenemos extremos de desigualdad; unos cuantos hombres de los más ricos del mundo comparados contra más de 25 millones de mexicanos viviendo en pobreza –millones bajo situaciones de miseria extrema; estos son compatriotas nuestros, viviendo al día, sin tener alimento, con frecuencia recogiendo desperdicios de la basura para alimentarse–.

 

En añadidura a esta desigualdad en ingresos, existe también una amplia desigualdad en el trato por las leyes; reza una dicho popular, Como te ven, te tratan y peor aún, si perteneces a un grupo étnico o minoritario. La delincuencia en México es muy amplia y diversa; muchas formas están institucionalizadas, a la vista de todos, protegidas por el Estado a través de prebendas y canonjías; para llegar a una plaza bien remunerada, por ejemplo del IMSS o de PEMEX, resulta difícil, quizá imposible, para millones de mexicanos.

 

Delinquir es la alternativa bajo este panorama de desigualdad con salarios miserables para millones de los nuestros, quienes aspiran lograr un ascenso económico vertical rápido; abducciones violentas, trasiego de substancias prohibidas, robos, expropiaciones y asesinatos por encargo, son camino de riesgo infinito, empero, altamente remunerativo para quienes viven en ambientes austeros de amplia desigualdad social. Para entrar a esta ruta del delito, sólo se necesita voluntad y arrojo; no es necesaria escolaridad, ni inversión previa.

 

En el escenario de la violencia activa en México, participan tres actores bien definidos: El primero es el Estado con las fuerzas armadas de todos los niveles oficiales. Este actor, desde la óptica oficial, lo integran los buenos de la película. El segundo son toda la gama de facciones activas en el crimen, desde sicarios hasta empresarios de enervantes. Ellos son los malos de la película. El tercer actor son la sociedad civil, actores involuntarios y espectadores de la película. Estos últimos justifican las acciones de los otros bandos. Para el Estado, es el motivo para cumplir la misión de salvaguardar la soberanía nacional; para los criminales, son fuente de riqueza directa e indirecta.

 

La guerra que el gobierno de México ha declarado a las actividades criminales no tiene ninguna esperanza de triunfo, considerando las condiciones actuales de la infraestructura de nuestra patria. El resultado serán aún muchas más muertes de ambos bandos –militares y criminales– con cifras considerables de la sociedad civil; miles y miles específicas y estocásticas en una guerra sin cuartel en la que ninguno de los bandos es susceptible de rendirse.

 

Estas condiciones socio económicas son en esencia, una incubadora perfecta del crimen. No se necesita ser sabio ni genio en economía, para saber que la violencia no debería combatirse con más violencia sino eliminando las causas de desigualdad social.

 

Al sincero lector

Tengo varios correos de comentarios, opiniones y precisiones muy interesantes que haré públicos en una próxima entrega. Salgo en esta sección por lo regular los martes.