Vallarta hoy:

Modernización en todos los frentes

La detención del joven sociólogo egresado de la UAEM, Oscar Álvaro Montes de Oca, en el aeropuerto de la Ciudad de México, tras que su equipaje fue sustituido por otro conteniendo 20 kilogramos de cocaína, nos abre la ventana a un sinfín de arbitrariedades y abusos que se vienen sucediendo, sin que la autoridad se ocupe de realizar una investigación a fondo, para identificar el origen de esta recurrente práctica que ha involucrado a personas inocentes.

 

En principio, no se ha hecho una investigación a fondo para identificar a los responsables que han intervenido en la manipulación, cambio, traslado y entrega de equipajes, desde la ciudad de origen, las ciudades donde ha existido cambio de aeronaves, hasta su arribo a la ciudad de México, a las compañías aéreas, aeropuertos y personal que intervienen en ello.

 

El protocolo de acusación a un responsable cuando es detenido, no agota los elementos legales que dan protección a cualquier ciudadano, cuando se presume la culpabilidad de un delito, sin la respectiva premisa legal de considerar su inocencia en tanto no se demuestre lo contrario, no se ocupan de revisar sus antecedentes, de indagar su perfil familiar, profesional, etcétera, simplemente se le detiene, y enseguida se le remite y recluye en un penal de alta seguridad.

 

En esta forma, gran número de reclusos inocentes que no han tenido el apoyo de la difusión de su caso por las redes sociales, no han contado con el respaldo de un gobernador un rector y el desistimiento expreso de la autoridad judicial, han permanecido y permanecerán indefinidamente dentro del reclusorio sin derecho a defenderse, porque este tipo de delitos, además de ser altamente costosos para ellos y sus familiares, son fuertemente castigados por las autoridades judiciales, quienes de esta forma justifican su inviolable tratamiento ante este tipo de delitos, que en cambio, con los criminales de linaje como el “Chapo”, otorgan todo tipo de facilidades para que su estancia sea lo más agradable y placentera, además de breve.

 

Afortunadamente para el sociólogo egresado de UAEM, su estancia fue breve, pero sustancialmente impactada por lo que es la vida en el penal. Ello abre un capítulo de la vida del país que debe ser atendido, y que va desde el tratamiento de los juicios que deben ser bien investigados e integrados para que se ventilen con agilidad en los tribunales, pasando por las condiciones en que viven los reclusos, el tráfico de drogas y de influencias dentro de los penales, que se remontan a los tiempos de la barbarie en donde la ley de la fuerza y del dinero son las que reinan, el abuso y corrupción de los custodios, que a semejanza de las evaluaciones de control y confianza, practicadas a los policías en algunos Estados, deberán ser sometidos igualmente.

 

La modernización del país, debe realizarse en todos los frentes, particularmente en aquéllos donde existen grupos sociales en clara condición de desventaja y abandono, no sólo los económicos que benefician al capital en detrimento del pueblo y el avance del país, como las reformas del actual Régimen.

 

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