Violencia en México: Raíces y consecuencias 4/5

Cerca de las 7:00 a.m. del 24 de noviembre de 2011 fueron abandonados en 3 camionetas, en la confluencia de las avenidas Mariano Otero y Lázaro Cárdenas de la ciudad de Guadalajara, 26 cuerpos de hombres sin vida, la mayoría con señales de tortura.

 

Originaria de San Juan Cosalá en la Rivera del Lago de Chapala, Jalisco, Doña Mari, es una mujer que frisa los 60 años de edad, de cabello cano, tez morena y origen humilde; ella se encuentra deshecha, moralmente destrozada; de sus ojos color café claro brota un caudal de lágrimas; escasamente puede articular palabras coherentes debido a sollozos y llanto continuos. Después de tomar unos sorbos de agua, apenas logra sobreponerse para decirme, […] ¡Ay señor, qué dolor tan inmenso siento en mi alma!, uno de los asesinados y abandonados en los Arcos del Milenio de Guadalajara era mi nieto, de apenas 21 años de edad; él era muy buen muchacho, trabajador, sin vicios, estaba ahorrando para contraer matrimonio. Nunca olvidaré el día 22 de noviembre; aquella fatídica tarde él llegó a verme desde Puerto Vallarta para celebrar mi cumpleaños el día 23; me trajo una hielera con pescado; estábamos descansando en el patio de la casa que recién habíamos barrido y regado para recibir a la familia; de pronto llegaron unos hombres armados; nosotros somos gente pacífica y nos aterrorizamos; derechito se fueron contra él; lo levantaron de las greñas, lo esposaron y lo aventaron como perro en una camioneta cerrada en donde ya llevaban más secuestrados. Yo gritaba desesperada; me abracé a uno de los captores; ¡tenga piedad!, le dije; no me hizo caso; me abarrajó con violencia al suelo a media calle […].

 

[…] aquella noche y los días siguientes fueron un infierno para mí y para mi hija, mamá de mi nieto. Cuando se dio la noticia de los cuerpos en Guadalajara, yo presentía que él estaría ahí; no pudimos rescatarlo para darle sepultura cristiana hasta pasados ochos días, que porque estaban investigado. Cuando me lo entregaron, estaba irreconocible, descompuesto de la cara, hinchado como sapo, hediondo a formol; con el paso del tiempo supimos que los criminales planeaban un regalo parecido a la sociedad de Jalisco y al mundo entero de 50 personas asesinadas para el día 10 de mayo del 2012; gracias a Dios atraparon antes de la fecha fijada a los delincuentes principales […].

 

[…] no hay remedio para el dolor, angustia, desesperanza e impotencia que me abraza; eso llegó aquel día para quedarse conmigo mientras Dios me preste vida. Nos dijeron en el gobierno que si de algo servía, tendríamos un apoyo económico y asistencia profesional de trabajadores sociales quienes nos enseñarían técnicas para mitigar las penas. Hasta hoy, a más de tres años de aquella tragedia, nadie nos ha buscado. Usted que parece una persona estudiada, me podría decir, ¿por qué le suceden a la gente decente y pobre como nosotros estas desgracias? […].

 

Al sincero lector

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