Violencia en México: Raíces y Consecuencias 5/5

Un rasgo cultural contemporáneo de núcleos urbanos densamente poblados, es la agresión permanente de unos contra otros; cada persona dibuja en su mente un esquema ofensivo porque intuye que aún en interacciones triviales con otros, los demás intentarán sacar algún tipo de ventaja; por ese motivo, lo mejor es pegar primero. Ilustraré esta idea con una escena que observé al tomar un camión hace unos días en las cercanías de la Presidencia municipal de este Puerto de Vallarta.

 

Aunque el sol apenas asoma por encima de las montañas, hoy será un día caluroso en extremo; el cielo está limpio y raso. En el bordo del malecón los miembros del Club de la Palma de los Cocos Secos departen con bromas, anécdotas y calificaciones de 6 a 10 con cada chica que pasa. […] ¡no manches!, esa es de 9; ¡ni mais!, yo le doy 10 y nota […]. Ajenos a la violencia cotidiana de miles de lugares del país, se refugian en este escenario magnífico saturado de momentos vividos por todos y cada uno de ellos.

 

Un vendedor de duros de harina se sienta junto a mí; trae su producto en una caja de cartón colgada con un cordón de rafia; en una valija en miniatura trae además, cuchillo, limones y salsa huichol embotellada; me ofrece su producto; digo, no, gracias; comienza a organizar sus pertenencias y a contar el dinero. Un niño de unos ocho años se aproxima a él y se queda observando la maniobra. El vendedor de duros sin voltear a ver al chamaco dice […] ¿qué me ves hijo de la chingada? […]; el niño no se inmuta, no responde, está quieto e impasible observando la escena con detenimiento. […] ¡vete lejos de mi vista, pordiosero desarrapado! […]. Oye, dice el niño, […], quiero enrolarme en la venta de duros como el tuyo. ¡No la haces!, esta plaza tiene dueño en todas y cada una de las actividades que observas; ¿tienes para pagar $500 de ingreso y $400 a la semana? ¡No!

 

El vendedor de duros en este punto suspende su actividad y observa con detenimiento al chamaco y dice, […] bueno, si no tienes dinero puedes pagar con cuerpomatic, al dueño de la plaza le gustan los morros tiernitos como tú […].

 

Tengo la esperanza de que un día cese la hasta hoy ininterrumpida guerra del hombre contra el hombre; la ventaja del fuerte contra el débil; tengo la esperanza de que un día se levanten triunfantes los hasta hoy oprimidos y vulnerables, los golpeados y abusados por el sistema que hoy prevalece en nuestra patria; tengo la esperanza de que un día se acaben las agresiones físicas y verbales en la vida cotidiana, que prevalezca el trato con un mínimo de cortesía; tengo la esperanza de que un día terminen los engaños, fraudes, informalidades y abusos en el quehacer de todos los días.

 

Al sincero lector

¿Usted, qué piensa de estas ideas?