Vallarta hoy:

Moviéndose hacia el precipicio

El tercer informe de gobierno, se mantuvo bajo el mismo esquema de los anteriores: Logros exacerbados, retórica auto justificante sobre los asuntos polémicos, promesas de trabajar con mayor empeño y transparencia. El resultado de todo ello, es la continuidad de los mismos vicios y prácticas desde el poder que han llegado a exacerbar el ánimo de los mexicanos, con justa razón.

 

Rodeado de su selecto grupo familiar, de incondicionales secretarios de estado, gobernadores, miembros de grupos empresariales y élite eclesiástica, el pueblo fue testigo desde la remota presencia radiofónica y televisiva, de la distancia existente entre ellos y sus gobernantes, quienes hemos sido marginados de la participación festiva, golosa, de ese progreso alcanzado por los asistentes al acto, quienes aplaudían frenéticamente los logros reseñados.

 

El común denominador que hemos observado desde la campaña, han sido las múltiples promesas, muchas de ellas firmadas, manteniéndose la mayoría de las firmadas sin cumplir; ya no digamos aquéllas que se han sacado adelante en contra de fuertes corrientes de oposición a su aprobación, como han sido la reforma energética, educativa, laboral, fiscal, etcétera, esta última, resultó considerablemente languidecida debido a la oposición empresarial, cuyo resultado mantuvo los privilegios para este gremio. El resto de ellas, tampoco ha arrojado los prometidos frutos de mejorar las condiciones de vida de la población, sino todo lo contrario.

Los cambios dentro del gabinete del ejecutivo, tampoco han sido con el propósito de rectificar el rumbo que afiance el camino hacia la prosperidad del país, sino que han sido retoques cosméticos, sin pretender resolver los problemas de fondo, como es en primer lugar, el de seguridad, cuyo responsable, continúa en su puesto, a pesar de la caótica política y medidas tomadas para resolverla, los considerables recursos que se han canalizado, el resultado no mantiene una congruencia con los resultados alcanzados, a cambio, el país se ha militarizado, la policía incrementado, y la violación a los derechos de los ciudadanos por estos grupos han ido de la mano con este aumento, con la completa complicidad del responsable de la Secretaría de Gobernación, léase entre tantos otros ejemplos, el resultado del informe de la “verdad histórica” desmentida por los investigadores de CIDH, a cuyo respecto, el señor presidente mencionó que la investigación continúa abierta, afirmando ser él el primer interesado en saber la verdad, como si él no se hubiese enterado que el caso fue resuelto por el señor Murillo Karam en su momento, y ninguna instancia del ejecutivo se opuso a esta resolución.

 

Otro de los polémicos responsables, el de la Secretaría de Hacienda, se mantiene inamovible, a pesar de los recurrentes yerros que se han dado desde que tomó posesión como responsable: el crecimiento económico esperado, ha sido rectificado una y otra vez a la baja; no hay duda que el contexto exterior ha tenido una gran incidencia en este aspecto, sin embargo, acusa una falta relevante en la implementación de medidas para paliar los efectos en la población, particularmente en el poder adquisitivo de los mexicanos, cuyo salario actual representa la cuarta parte del poder de compra que existía en 1980, de ahí se puede explicar claramente el por qué del aumento de la delincuencia, la gran brecha que continúa profundizándose entre un 0.12% que concentra el 50% de la riqueza patrimonial del país, un 1% que percibe el 21% del ingreso anual.

 

Por todo ello, no es para sorprenderse el por qué de los eufóricos aplausos y cálidos comentarios del informe por los asistentes, a la vez que en la calle continúan las marchas de protesta y desobediencia, la implacable actividad de los grupos delictivos que retan al status quo gobernante, y que en muchos casos lo han rebasado.

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