Vallarta hoy:

Reflexiones

En ocasión del 205 aniversario del movimiento independentista en nuestro país, cabe hacer una reflexión acerca de las causas y condiciones que lo originaron, cuya estela y fantasma no han sido erradicado en el presente.

 

La situación coyuntural en 1808 provocado por la invasión napoleónica a España, y la abdicación del rey Carlos IV, en favor de Napoleón, provocó en la Nueva España una reacción de rechazo y desacato al gobierno francés en turno, que dio origen a la organización de grupos en el poder y criollos a mantener la fidelidad a la dinastía de los Borbones hasta que éstos retomaran el poder, movimiento que posteriormente radicalizaron los criollos para obtener cuotas de poder que durante el tiempo de la colonia se les había negado.

 

Internamente, las condiciones de abuso y explotación en que se encontraba la población indígena, derivadas de su marginación social, expoliación de sus riquezas y territorio, condenados a vivir como siervos de los conquistadores, y relegados al último peldaño del estrato social, sirvió como caldo de cultivo para lograr la rebelión popular que culminó con el ascenso al poder de los hispano americanos, que mantuvo a la población indígena relegada al olvido y atraso, que posteriormente el Porfiriato se encargó de continuar la misma senda de explotación colonial.

 

En la actualidad, las cosas no parecen haber cambiado, continuamos con el síndrome de la colonia, reproduciendo los mismos patrones de explotación, marginación y rechazo a la población indígena (léanse los comentarios expresados por el presidente del INE respecto a los representantes indígenas); continuamos con los gobiernos de abuso y explotación de los recursos naturales del país en su beneficio, con un grupo político de enormes privilegios que no representan en nada los intereses de los ciudadanos, con élites empresariales que se benefician de su relación con los gobernantes y el poder.

 

El país, continúa por la senda de la injusticia y la explotación de las grandes masas de trabajadores, conforme avanza el tiempo, la riqueza se ha radicalizado beneficiando a un pequeño grupo que el Estado se ha ocupado de promover, agudizando la brecha de esta desigualdad.

 

En aras del inicio del siglo XXI, es menester que el país ponga rumbo a rectificar todas las calamidades ocasionadas a la población y al país, emprendiendo acciones concretas que hagan florecer el gran potencial de nuestros recursos tanto humanos como naturales, que durante siglos se nos ha negado.

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