El cajón de sastreGente PV

¿Quién es el que anda ahí?… es Crí Crí, es Cri Crí

¿Llegamos ya a la generación de niños que no sabrían responder a las preguntas, quién es el que anda ahí y quién es ese señor? Tengo sobradas razones para pensar que sí.

 

Aquellos cuestionamientos formaban parte de una tonada escrita en 1934. Salvo que no fueran mexicanos, los mayores de veinte años responderían de inmediato porque tuvieron en su infancia la misma banda sonora que sus padres o abuelos: “Es Cri crí, el grillito cantor”. ¿Y quién era realmente ese señor? Francisco Gabilondo Soler, autor de cientos de canciones, alguna vez grillo y violinista.

 

Desde los micrófonos de la XEW, luego por discos y televisión, no hubo niño que no conociera sus historias, como la de Bombón I, rey de chocolate de amargo corazón, aplastado por un merengue y enamorado de la princesa Caramelo o el enlace de los Palomos, con introducción en remedo de latín: “Levantate vestrum getes maleficorum…”
Fuimos a la escuela con nuestros libros bajo el brazo como todo el reino animal, mientras la tortuga volaba procurando ser puntual. Aprendimos las vocales con “La Marcha de las Letras”, canción que en estos tiempos sería alburera: “ahí viene la E con el palo de en medio más chico como ves”. Y no es porque yo sea prosaico, o quizá, lo que pasa es que vivimos en una época donde se procura no herir susceptibilidades, por ejemplo el Negrito Bimbo es blanco y se llama Nito; por lo tanto encontraríamos racismo y clasismo en las letras de Cri Crí, sin olvidar que obedecen a una época inocente de poca conciencia sobre el caso. Cómo juzgar a la Negrita Cucurumbé que se fue a bañar al mar para ver si en las blancas olas su carita podía blanquear; y el Negrito Sandía, tachado de grosero, y el narrador con sadismo apunta en una libreta los garrotazos que le darán y después de la paliza promete que se morirá de risa; y ya de plano, poco defendible “El Negrito Bailarín”, a pesar de ser de hojalata se le alude esclavo: “hey moreno, lo compré para ver bailar a usted, perezoso, mueva los pies”.

 

En “La Merienda” el clasismo se retrata en la frase dedicada a María: “esta sirvienta es una lata”; cabe mencionar que esta canción es la piedrita en el arroz discográfico de Cri crí, es un plagio descarado a la melodía principal del Himno de Riego, tema representativo de la Segunda República Española.

 

Otras canciones mostraban historias precoces como la niña Esther que aún no tenía catorce, quería un príncipe azul y se entretenía en los balcones, desde donde mira, para desgracia de su madre, sólo morenos (otra alusión peligrosamente racista) y gandules: “Metete teté que te metas teté, no lo repetiré”
Hay algunas excelsas como “La Patita” convertida al final es una diatriba social, su ánade marido no da nada para comer y ella, sin dinero, le dice a sus hijos: “coman mosquitos cuaracacuá”.

 

De Francisco Gabilondo Soler, el hombre no el grillo, se sabe que era antisocial. Se le rogó hasta el cansancio aparecer al final de la película realizada en su honor donde Ignacio López Tarso le interpreta. La leyenda urbana decía que se volvió anacoreta, decepcionado porque los niños ya no se divertían con sus canciones, jugaban con pistolas y a la guerra y que sus empleados disparaban a quien se acercara a su rancho

En los años ochentas se editó un LP donde los cantantes Emmanuel, Plácido Domingo y la francesa Mirelle Mathieu, que desconocía a Cri Crí, revitalizaron el repertorio y poco a poco, a pesar de las infinitas versiones de su música los niños dejaron de escuchar “El Comal y la Olla”, “El Ratón Vaquero”, “Los Tres Cochinitos” y “El Chorrito”.

 

Los cánones sociales han cambiado, ya las abuelas se confunden con las madres, la ortodoncia hace milagros con los dientes, sus cabellos ya no son como la espuma del mar, hay tintes; en su ropero no hay retratos, están en la computadora; tampoco tuvieron un marido coronel, ni guardan su espada, quizá si les guste aún brincar en la cama.

 

Los niños actuales requieren inmediatez, las historias les resultan lentas, la música antigua; y las letras actuales de temas infantiles son repetitivas. Si algunos conocen a Francisco Gabilondo Soler, se debe al niño interno de sus padres.

 

Mi generación y las anteriores disfrutamos su música, y cuando tenemos a un niño a nuestro cuidado queremos transmitirles la alegría que nos daba escuchar a Francisco Gabilondo Soler. Sólo podemos decir: Cri Crí, tus amigos no son los del mundo, porque te olvidaron en este rincón, nosotros no somos así. Te quiere la escoba y el recogedor, te quiere el plumero y el sacudidor, te quiere la araña y el viejo veliz, también nosotros te queremos y te queremos feliz.

 

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor