¿Selfies o el retrato de Dorian Grey?

“El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios y nadie puede fijar la imagen divina”

Walter Benjamin.

 

Por Alfredo César Dachary

alfredocesar7@yahoo.com.mx

 

La historia de la fotografía era más lógica y esperada que la de la imprenta y cuando se descubrió, el Estado se apropió del invento ante la falta de dinero de sus inventores para patentarla y, por ello, con la propiedad del invento, el Estado la hizo de uso público.

La tarjeta de visita con foto hizo millonario al inventor y fabricante, la fotografía entró por la diversión en la feria y por ésta en el hogar como recuerdo. Cuando Daguerre logró fijar la imagen, el técnico despidió a los pintores, pero la gran víctima de la fotografía eran los que pintaban retratos en miniatura, que luego pasan a ser fotógrafos profesionales, pero cuando se tomó la práctica de retocar las fotografías los pintores se vengan de la fotografía y ésta cae del pedestal.

La historia moderna de la fotografía es muy dinámica y de grandes transformaciones, que en general se sintetizan en borrar la dependencia del tradicional rollo fotográfico, que con la revolución informática y la implantación de los teléfono celulares se hace realidad.

A comienzos del siglo XXI se dio a conocer en Chile la foto “pokemona”, un autorretrato captado con el celular, ya sea en un espejo o estirando el brazo lo más lejos posible para que el rostro quedara bien enfocado.

Sin embargo, hay unas experiencias anteriores, así tenemos a los “reflectogramas”, experiencia fotográfica que Joan Fontcuberta, Premio Nacional de Fotografía en el año 1998 llama así, a las imágenes realizadas enfrente de un espejo por los propios fotografiados y en las que aparece la cámara.

Pero la necesidad de mostrarnos a los demás viene de muy lejos, hace ya cuatro mil años los humanos estampaban sus manos en las paredes de las cavernas, y los grandes pintores como Velázquez, Van Gogh o Rembrandt se hicieron numerosos autorretratos.

Pero el que está considerado el primer selfie o autorretrato de la historia, con cámara fotográfica, fue el realizado en el año 1839 por Robert Cornelius, que era un químico amateur y aficionado a la fotografía, a la cual llega por su especialidad en la química, lo que le permite colaborar con el daguerrotipo. Su famosa foto “selfie” se la auto tomó en la puerta del negocio que tenía.

Hoy estas imágenes son mundialmente conocidas como selfies, un vocablo inglés que se ha convertido en un fenómeno masivo, ayudado tanto por las redes sociales como por las nuevas tecnologías, y que este año se convirtió en el término más usado y en la palabra del año, según la edición inglesa del diccionario Oxford.

Sin embargo, esta palabra nueva es del siglo XXI, que apareció por primera vez en 2002 en un foro de internet en Australia y ha pasado de ser de un término exótico a uno masivo, en menos de una década, siendo su área de mayor expansión la que domina el idioma inglés, por ser la zona donde nació este término postmoderno.

En esta segunda década del nuevo siglo emerge y se empieza a consolidar un nuevo término tecnológico que ya había sido destacado por el diccionario Oxford en su edición de Estados Unidos, y es el GIF, concepto que representa las imágenes con movimiento que se intercambian por internet.

Durante la primera década de este siglo el selfie adquirió notoriedad, gracias a un grupo de usuarios de Flickr que creó un grupo con ese nombre para mostrar autorretratos. El término selfie viene de “self”, palabra en inglés que significa “uno mismo”, por lo que la definición actual de selfie, acuñada por Oxford, es bien específica: “una fotografía que uno toma de sí mismo, normalmente con un smartphone o webcam, y que se cuelga en una web de medios de comunicación social”.

Las selfies son un derivado de un nuevo uso que se les da a los celulares con cámara y mayor potencia de conexión con internet, lo que le permite los WhatsApp, que son un sistema de socialización en tiempo real de las fotos.

Desde el punto de vista fotográfico, las selfies se convirtieron en una moda de la mano de los smartphone y se hicieron populares en la medida que las cámaras frontales de estos teléfonos se hicieron más sofisticadas pasando de no más de 0,3 megapixeles de resolución a los últimos modelos que alcanzan resoluciones HD.

Una selfie se puede decir que es un complemento de las redes y de Facebook, ya que permite subir fotografías de los dueños del sitio, y que a su vez éste puede graficar lo que quiere socializar, una práctica que ha logrado impactar transversalmente a todos los usuarios, aunque los más jóvenes son los que le dan más dinamismo a esta actividad que a su vez enriquece gráficamente a las redes sociales.

Gran parte de su expansión es debido a que los grandes actores, cantantes, músicos y, en general, gente del espectáculo, deportistas e incluso personalidades públicas se han convertido en sus usuarios, y su ejemplo hace de efecto demostración en la sociedad.

Michelle Obama, la primera dama de Estados Unidos, suele sacarse ese tipo de fotos para mostrarse con su familia, amigos, mascotas o con admiradores que van a sus eventos.

No toda la sociedad lo acepta plenamente, porque a veces termina en problema para los fotografiados, ya sea porque la persona que lo acompaña no es una “buena compañía” o bien porque el selfie termina siendo un testimonio gráfico ante diferentes situaciones que se puede utilizar a favor o en contra del que se autofotografió.

Para los psicólogos, parte del desarrollo normal infantil y adolescente es experimentar con la imagen personal y con la construcción de la identidad, ya que desde pequeños jugamos con el reflejo de nuestra imagen en el espejo.

Pero hoy en la sociedad – espectáculo, la tecnología les permite a los jóvenes ser constructores activos de su identidad y la función “editar” les brinda más dominio sobre su imagen (pueden jugar también con todo tipo de efectos sobre las fotos y videos). Con frecuencia, este tipo de conductas se explica desde los rasgos narcisistas o egocéntricos de la personalidad, pero esta exploración de uno mismo, cuando se realiza de manera cuidada y supervisada, también puede ayudar a configurar aspectos creativos y seguros en nuestros hijos. Son ellos los que deciden que imagen mostrar y así ejercen más control sobre su identidad digital.

Según estudios realizados por investigadores de la Stony Brook University de Nueva York resaltan que el uso excesivo de Facebook puede predisponer a la aparición de trastornos de ansiedad y depresión entre sus usuarios. Aún es muy temprano para ver efectos más negativos o positivos, pero es imposible que no impacte de diferente manera en los distintos actores de una sociedad.

Esta nueva “práctica social” dentro de esta sociedad en red está generando nuevas prácticas o selfies especializados; así hay selfies desayunando, en el gimnasio, tras una borrachera o en muchas otras situaciones que nos brinda la vida en la cotidianidad.

Una de estas nuevas experiencias es el “AfterSex selfie”, o sea, el autorretrato después de tener relaciones sexuales, y se ha convertido en tendencia en Instagram, y que forma parte de una serie de prácticas que le anteceden como en el caso de Facebook, aunque todavía no se popularizan pero llegan a armar comunidades en las que los usuarios suben fotos con cara de espanto al despertar con alguien a quien no recuerdan, tríos sonriendo para la cámara, parejas con los pulgares levantados y personas retratando marcas o rasguños en el cuerpo.

Pero el “AfterSex selfie” aparentemente ha tomado fuerza, porque sus actores directos plantean que tener sexo es tan raro y que es necesario documentarlo, una sátira de amplio espectro.

Entre los profesionales que trabajan estas formas sociales de relación y de autopromoción hay algunos como la neuropsicóloga Betty Arias que observa detrás de esta tendencia baja autoestima. “No hay concepto de la privacidad. Del otro lado de la moneda (está) el morbo de ver, reír, burlarse y satisfacerse, porque hay a quien eso lo excita”, expresa. A diferencia de otras selfies, en los que se cuida la imagen que se desea exponer, los retratos “aftersex” parecen buscar una imagen descuidada y relajada. Algo similar a la #AfterSexHair (cabello después del sexo), en las que el objeto de atención es una melena desordenada. Otro hashtag que ha causado controversia es el de los selfies con indigentes, una forma de burla a una situación difícil en un mundo complicado.

En el año 2010, el iphone 4 desató la explosión del selfie, al incorporar una cámara frontal, además de la trasera, un hecho que ha incidido en que desde entonces hasta la actualidad el fenómeno no ha dejado de crecer.

Otros sostienen que gracias al desarrollo de las cámaras digitales, su inclusión en los teléfonos móviles y su convergencia con las nuevas aplicaciones sociales de la red donde las imágenes adquieren un protagonismo creciente, el autorretrato ha pasado de ser una práctica minoritaria y casi exclusivamente artística, heredada de la pintura, a generalizarse como forma de presentación y representación personal, recordándonos a los fotógrafos que idearon las tarjetas con fotografía en el siglo XIX, que lo lograron enriquecer.

Hoy las fotos y vídeos son formas comunes de presentación en blogs, perfiles de redes sociales, páginas de contactos, mensajes móviles o como medios de búsqueda de nuevas relaciones en esta sociedad cada día más conectada y a su vez cada minuto más aislados en medio del individualismo que nos domina.

Así la fotografía, que nos permitió capturar los paisajes, la construcción social más atractiva y fuente de atracción de nuestros imaginarios, regresa al futuro desde un pasado que ayudó a transformar profundamente, desde la antropología al turismo, pasando por las ciencias duras y la no menos importante cotidianidad.