Vallarta hoy:

Cambio de rumbo necesario

En nuestro país, solemos celebrar con platillos y bombos los aniversarios, trátense de onomásticos personales, de la familia, etcétera, pero con particular énfasis aquéllos que permiten a los políticos encubrir la realidad, llámese aniversario de la promulgación de la Constitución, de la Independencia, la Revolución, etcétera, que les brinde un resquicio para reivindicar los inexistentes principios sociales de democracia, libertad y bienestar, como fue el caso del pasado 17, en ocasión del Día Internacional de la Erradicación de la Pobreza, en donde se dio a conocer con singular estruendo que 100,000 mexicanos superaron la pobreza extrema, omitiendo el dato duro que representan los 11.4 millones de mexicanos que aún permanecen en esa situación, la cifra mencionada no representa siquiera el 10% de la población en estas condiciones, a pesar del gran presupuesto destinado para combatir la pobreza.

 

Los tramposos datos publicados, representan tan solo el 9.5% de disminución de la pobreza extrema, esto es, aquéllos casos en donde las familias no alcanzan a cubrir la necesidad esencial como la alimentación, cuyo escaso logro se reflejó en sólo 3 estados (Jalisco, Nayarit, Guerrero), en tanto en otros 4 se agudizó (Oaxaca, Veracruz, Morelos y Estado de México). Esta información nos muestra con gran claridad la manipulación en la difusión de las alegres cifras que se encargan de masificar los medios incondicionales al Régimen, ocultando la cruda realidad que no va con el tono alegórico de las que se enfatizan.

 

Se ha visto y comprobado el errático manejo de la política para el combate a la pobreza, y no ha existido voluntad política para rectificar el rumbo; los programas instrumentados para este propósito, han tenido siempre el trasfondo clientelar para allegarse de votos, y la sociedad no se ha manifestado enfáticamente sobre este ilícito, parece que la política en el manejo de los fondos públicos, es asunto de la Contraloría y del Congreso de la Unión, no de los contribuyentes, hemos olvidado aquéllas promesas de campaña de más de un partido que ofrecían la nivelación de los salarios como la forma más efectiva de tener acceso de los trabajadores a una forma de vida más digna; sería interesante preguntar a un diputado sobre el tipo de vida que podría llevar con un sueldo mensual de poco más de 2 mil pesos al mes.

 

Obviando mayores comentarios que requerirían mayor espacio, es inaplazable plantear la elevación digna de los salarios como principio esencial de combate a la pobreza, seguido de la eliminación de costosos programas clientelares inoperantes, eliminación de subsidios que no cumplen con ningún propósito, eliminación de condonación de impuestos a grandes capitales; reducción del gasto oneroso de la administración pública (elevados sueldos, bonos, pago de primas extraordinarias y discrecionales) con la estrecha vigilancia en su elaboración y vigilancia de una entidad ciudadana rotatoria integrada por colegios profesionales especialistas en cada materia (el Congreso de la Unión ha pasado a ser un club contrario a los intereses ciudadanos); estructurar el sistema educativo en su contenido y función, no administrativa y políticamente como la fallida reforma hasta ahora, fortalecer el tejido productivo en el campo y apoyar al pequeño y mediano comercio e industria, apuntalar la investigación científica y tecnológica, medidas enfocadas en beneficio del país, no de los monopolios, que como el modelo neoliberal del salinismo, ha servido para empobrecer a los mexicanos y explotación de los recursos nacionales a cambio de encumbrar al capital transnacional.

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