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Buñuel, el español que mostró al mexicano exterminador

Si de cineastas clásicos se habla, España levanta el cuello al referirse a Luis Buñuel, y no es para menos, el creador de Calanda, representa lo más granado del cine ibérico, desde “Un Chien Andalou” en colaboración con Salvador Dalí hasta “Viridiana”. Los ibéricos consideran suya toda la obra de este genio. Sin embargo, los ambientes y situaciones de sus historias realizadas en México son tan mexicanos que el país Azteca tendrá que disputar la patria potestad de una buena parte de las obras de Buñuel.

El cineasta llegó a México buscando curro, chamba, trabajo, escapando de la Dictadura Franquista. En un principio tuvo que adaptarse al folclor del celuloide mexicano y aparcar el surrealismo, no del todo, porque la tierra que le acogió ya es surrealista en sus acciones. “El gran calavera” fue su primer éxito comercial en México (La adaptación reciente de ese filme “Nosotros los nobles” también cosechó taquillazos). La película, estelarizada por Fernando Soler, es una divertida comedia donde no se encuentra por ningún lado la marca de Buñuel. Le siguieron películas de taquilla, que ahora son clásicos del Cine Mexicano, como “Susana” melodrama ranchero de un hombre maduro seducido por una jovencita; “El bruto” con un Pedro Armendáriz actuando más allá de sus habituales gesticulaciones; con “Él” instaló para siempre el papel de Arturo de Córdova como un hombre de constantes soliloquios; “La ilusión viaja en tranvía” sublimando la sensualidad de Lilia Prado; o el filme póstumo de Miroslava Stern “Ensayo de un crimen” donde descaradamente el surrealismo original de Luis Buñuel se aprecia en cada fotograma.

Con la aceptación de productores y público mexicanos, el director dejó a la posteridad filmes como “El ángel exterminador”, una exposición del absurdo encanto de la burguesía que después retomaría para otra historia; “Nazarín”, quizá la película que conjuga el surrealismo natural del mexicano con respecto a la muerte y el del propio cineasta, y “Simón del desierto” una inacabada disertación con Silvia Pinal.

Pero más allá de todas sus películas mexicanas, aunque les pese a nuestros hermanos ibéricos, “Los olvidados” es su acta de nacimiento Azteca. Censurada en su tiempo en México por mostrar el lado marginal del país, es una película coral donde la protagonista principal es la desesperanza, tema que muchos años antes Buñuel abordó en “Les Hurdes”. Con este filme, obtuvo el premio al mejor director en el Festival de Cannes. No faltaron voces nacionales que protestaron ante el gachupín por mostrarle al mundo el patio trasero, la mugrienta realidad de un país que crecía con cimientos de barro. De la misma forma que ahora muchos mexicanos se quejan que se exhiba hacia el extranjero la pobreza, la corrupción o la violencia del país. La película sigue actual, ahora se reproduce en la vida real, todos los días en los barrios marginales de la ciudad; como un bucle los malos de la película caen para que aparezcan debajo de las piedras otros rufianes que tomarán la estafeta; y los buenos sólo pueden mantener una actitud contemplativa. Luis Buñuel llevó al neorrealismo y surrealismo a cotas superables sólo por la realidad cotidiana de México. Y así como “El jaibo”, el protagonista de “Los Olvidados” muere abatido, sin que su fallecimiento termine con la plaga del odio urbano y social; “El Chapo” es capturado por tercera vez sin que eso aminore el narcotráfico y la eterna descomposición del país. Luis Buñuel es tan mexicano, que ya sabía que con el final no termina la película.

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor

Luis Buñuel