La preadolescencia, el niño de cuarto a sexto año escolar

La manera de pensar y comportarse del niño en la etapa primaria puede tomarnos por sorpresa. Ahora, para él es tan importante expresar sus dudas y hacer preguntas como defender sus opiniones y decidir por su cuenta.

 

El carácter del niño de los nueve a los doce años ha alcanzado un cierto grado de equilibrio y madurez.

 

Ahora su personalidad es más definida. Es entusiasta, inquieto, curioso, espontaneo, travieso e incansable. Habla mucho, con soltura y muchas veces con un ingenio que nos asombra y nos deleita. Su disposición para pensar y razonar está en constante evolución y su extraordinario sentido del humor, que utiliza con inteligencia, esto hace de su compañía muy placentera.

 

Es una etapa clave para formar y reforzar actitudes positivas hacia el conocimiento y hacia el gozo de vivir.

 

Su pensamiento se vuelve más organizado, sistemático y preciso, hay un desarrollo continuo de sus capacidades mentales, por tal motivo nunca deberíamos subestimar la inteligencia de un niño, ya que ellos se dan perfectamente cuenta de lo que sucede a su alrededor, por ejemplo: Cuando los padres tienen problemas, discuten o aparentan ser felices y no lo son.

 

Y uno de los problemas que surgen en esta etapa con papá y mamá es que no se comunican lo suficiente con sus hijos ya que es una etapa en donde su pensamiento se vuelve más organizado, sistemático y preciso.

 

Y es capaz de utilizar el pensamiento para resolver problemas, el preadolescente está próximo a ser una persona que se basta a sí misma, hacía los nueve años, empieza una época con más posibilidad de conflictos y explosiones temperamentales. Comienza a ver a los adultos con otros ojos y a rebelarse contra la autoridad de sus padres.

 

A medida que se acerca a la pubertad se interesa más en su persona y es capaz de mayor sensibilidad ante los sentimientos ajenos.

 

Para enriquecer la relación con su hijo y fortalecer la comunicación, le sugiero algunas de las siguientes recomendaciones:

 

  1. Propicie y disfrute las conversaciones con su hijo, compartan ideas y ríanse juntos.
  2. No menosprecie la capacidad de entendimiento de su hijo, conteste con seriedad a sus preguntas.
  3. Reconozca el esfuerzo de su hijo y aprecie sus logros.
  4. Considere la rebeldía de su hijo como una señal de salud y crecimiento (hasta cierto punto)
  5. Manténgase cerca de su hijo y dele el apoyo y la protección que necesita en las situaciones difíciles.

Y recuerde que La mejor escuela de la vida es el ejemplo de los padres. Los hijos precisan más los ejemplos que las enseñanzas.

 

Livier Nazareth. Psic./Tanatóloga, Especialista en Crisis Familiar y de Pareja, Terapia por la pérdida de un ser querido. Citas 22 5 82 63. Cel: 322 151 04 96

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