Vallarta hoy:

¿Por qué tengo que escuchar banda?

Parece el ruido de una obra pública interminable, una fiesta constante, un alarido de metralla que acompaña notas que desconocen la armonía, le llaman “música banda” y es un fenómeno social que nos guste o no, invade nuestros sentidos día con día.

 

Lejos queda el tiempo en que se llamaba “Tambora”, era instrumental y suscrita a una demarcación social y geográfica: Sinaloa. Fue el resultado de la evolución popular de las orquestas municipales que tocaban marchas castrenses y los inmigrantes alemanes que poblaron Mazatlán. El verdadero génesis se dio cuando Cruz Lizárraga fundó la Banda El Recodo en 1938.

 

Los primeros éxitos globales del género fueron canciones como “Mi gusto es”, “El Sauce y la Palma” y “El Sinaloense”. Lorenzo de Monteclaro y Antonio Aguilar popularizaron temas con ese acompañamiento y el género completo se coló tímidamente en las estaciones de radio de amplitud modulada dedicadas a la música tropical o ranchera. Era agradable escuchar la tambora bebiendo una cerveza; ni los ejecutantes de dicha música se imaginaron qué vendría después.

 

Se convirtieron en un excelente negocio, como un equipo de futbol, una franquicia, pueden cambiarse la totalidad de sus integrantes en cada disco y no importaría. Ya metidos a experimentar. Hubo incisiones en el género como la tecnobanda, apelativo dado porque sustituían la tuba por un bajo, ejemplo, hace años: la Banda Móvil. Aclarando, no soy un conocedor, uso el servicio público de transporte, conocerla es inevitable. Fue en un minibús cuando escuché “Proud Mary” de Creedence Clearwater Revival, transformada en “Mari y Orgullosa” con “Mi Banda el Mexicano, supe que la invasión bárbara iba en serio.

 

Y de ahí pal real, las estaciones de radio dejaron de programar rock, pop, baladas románticas. La banda se volvió barroca a su modo, todos los instrumentos quieren sobresalir, el clarinete insiste en desafinar aún más que el vocalista que canta sin matices, por no decir sin tono. Muchos versionan canciones de otros géneros, pero, como se puede ver en el documental “Narcocultura” de Shaul Schwarz, los cárteles hacen de productores discográficos y fomentan “cantares de gesta”; ya lo decía Carlos Monsivais, en su libro “Los Mil Velorios”, los delincuentes, gracias a la “cultura popular” se convirtieron en el modelo a seguir, son los héroes de la película.

 

Defiendo que la gente escuche lo que quiera, muy sus tímpanos, lo que sí es lamentable es la imposición velada de un género de lírica paupérrima, que en muchísimos casos sirve para hacer apología de la violencia; resulta irónico que un joven se manifieste furibundo en la red por Ayotzinapa y escuche narcocorridos.

Ha penetrado todos los estratos sociales y quienes no escuchamos banda ya comenzamos a ser vistos como seres extraños e incluso inadaptados. ¿Por qué tengo que escuchar banda? No queda de otra que caminar en la calle con audífonos y programar una banda sonora distinta para nuestras vidas, ya que todo México, es territorio banda.

 

Alejandro Aquino

Historiador, músico y escritor

LOS ANGELES, CA- 042813- Singer El DASA, perform in front of thousands of fans who attended the annual Fiesta Broadway in downtown LA. Photo by J. Emilio Flores/La opinion

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