Se me olvidó que te olvidé…

Por Alondra Maldonado Rodriguera

alondrachef@gmail.com

 

Acaba de pasar el 14 de febrero, día que se festeja el amor y la amistad; aunque esto de la amistad parece como un aliciente para los que no tienen pareja, pues el enfoque es el amor y, éste en pareja. Se celebra entre rosas, mensajes de: “Te amo”. “Te extraño”, “No puedo esperar para vernos esta noche”, “Eres el amor de mi vida”…. todos ellas, frases que son una cascada refrescante para el alma. Todo termina en una cena a la luz de las velas, copas de vino, tal vez el firmamento con sus estrellas como pantalla perfecta.

No obstante, está la sección de los que no tienen pareja y que aluden a la segunda parte del día: La amistad, que lo engloba todo, porque no hay amor que perdure si no hay una amistad. Entonces, dependiendo la edad, los mensajes son de: “Amigos por siempre”, “Gracias por tu amistad”.

En lo personal, al llegar la noche, cuando el trajín del día llegó a una quietud la letra de una canción de antaño resonaba en mí… “Se me olvidó que te olvidé, a mí que nada se me olvida”. Fui consciente de esta canción harán algunos 7 años. Recuerdo que llegué junto con quien fuera mi esposo a una reunión de amigos y primos. Todo estaba a media luz, había velas en la pequeña terraza, me metí a la cocina a auxiliar a mi prima, que es una cocinera maravillosa, alguien me sirvió un mezcal acompañado con gajos de mandarina y sal, del aparato de sonido salieron unas notas de piano y la frase “se me olvidó que te olvidé, se me olvidó que ya no estás; a mí, que nada se me olvida…”.

–Alo, ¿escuchaste?, qué linda letra.- Asentí con un movimiento de cabeza cerrando los ojos para centrarme en lo que el aparato emitía.

La frase final “a mí, que nada se me olvida”, añade un dramatismo al “se me olvidó, que te olvidé”. Como se le olvidó, que ya la había olvidado, la tenía en un presente, que ya no pertenecía al olvido.

Han pasado los años, y en una especie de infortunio la mayoría de los ahí reunidos ya no estamos juntos. Hoy los recuerdo a todos con gran cariño. De igual manera, he olvidado que ya los había olvidado. Están en un presente atemporal.

Esa noche de tertulia la viví hasta la última gota. Fue la noche del amor, la noche de la amistad, la noche de la fraternidad. Lo que vendría después, qué nos importa, sólo ese presente era el hoy. De todas estas expresiones efusivas del ser, la que perdura es la amistad, aludo a las palabras del poeta Judío Shimon Adaf: “Lo que creía sombra, es el verdadero cuerpo”.

¡Qué importa si no tenemos amor en pareja! Siempre y cuando haya alguna gran amistad en nuestras vidas.